El número cero del Diario de Morelos nos salió regular, elaborada la edición de entrenamiento sólo para consumo interno, pulir detalles y corregir defectos. Pero afuera ya trascendía la aparición de un periódico nuevo, advertida la llegada de la naciente publicación en el trajín de reporteros y políticos. Las reuniones de trabajo se repetían en la oficina principal del Diario de México, a la que ascendíamos observando las fotografías distribuidas en la pared del costado de la escalera. Todos los días Jorge Mejía Lara, Efraín Pacheco Cedillo, “Pepe” Solís y yo íbamos y veníamos a la Ciudad de México. Manejaba Efraín una tarde que pasamos enfrente de los Estudios Churubusco, y casi nos toca el incendio que había prendido minutos antes.

El número uno del Diario de Morelos irrumpió en la calle el 17 de abril de 1978. Fue algo nunca antes visto aquí, con más páginas y gráficas que los que había habido hasta entonces, de sólo una hoja, y ya no impreso en prensa plana sino en rotativa. Asombró a los lectores la portada y el tamaño grande de las letras de la nota de ocho columnas: “Contaminación alarmante”, escrita por este columnista al igual que la “cachucha”, la de cuatro columnas y la columna “Atril”. Don Federico no regateó su felicitación: “Nos salió bien”, dijo satisfecho y sonrió, pero enseguida se puso serio, añadiendo: “¡Nos tienen que salir bien todos los demás!”.

Algunos compañeros se nos adelantaron en el viaje sin retorno: Jorge Ortiz Lagunas, Alejandro Campos, Óscar Ceballos Fernández, “Panchito” Arana, Rafael Lizardi, José Luis Rojas Meraz, Dorothy Prats, Jorge Mejía Lara y Jorge Reynoso Mangino. Lucio Lara cubrió las actividades de nueve gobernadores, captadas por su cámara cientos de imágenes de los mandatarios priistas Armando León Bejarano, Lauro Ortega Martínez, Antonio Riva Palacio López, Jorge Carrillo Olea, Jorge Morales Barud y Jorge Arturo García Rubí, de los panistas Sergio Estrada Cajigal y Marco Antonio Adame Castillo y el perredista Graco Ramírez…

Recalé en el oficio de reportero luego de ejercer el de linotipista en la cooperativa del “Avance de Morelos” (esquina de Juárez y Las Casas, una cuadra arriba de la desaparecida Arena Isabel), y tres años más tarde en los talleres de Litoofset Sánchez del otrora Distrito Federal, donde tecleaba la tipografía de la revista Siempre!, del maestro José Pagés; luego en la imprenta América, de los hermanos Evaristo y Fructuoso Quinto, en la cuesta de Salazar, y poco después en el taller del Diario Matutino de Cuernavaca, de “Paco” Medina, a pocos metros del Calvario.

Asumida en 2005 la presidencia del Grupo Braca por Miguel Ángel Bracamontes, por una sugerencia de este columnista adquirió el linotipo de la imprenta América y lo hizo colocar en la entrada de la radioemisora hermana, “La 99”, donde hasta hoy se encuentra.

En marzo de 1978 ya escribía el “Atril” para el periódico “El Cotidiano”, cuando me invitaron a fundar el Diario de Morelos. El nombre de Federico Bracamontes Gálvez lo recordaba como el del director del Diario de México al que, entonces adolescente, leía con fruición. El “cabezal” era de tono morado, y en sus páginas disfrutaba la ironía de Renato Leduc así como la redacción igualmente aseada de otros periodistas que a la vez escribían en la revista “Siempre!”.

Testigo de sucesos que dejarían huella en Morelos “El Diario”, como desde su nacimiento lo llamaron los lectores, consignó hechos trascendentes: En 1979, el Sha de Irán, Mohammad Reza Pavhlevi, habitó temporalmente una mansión en la privada Primavera, de la avenida Palmira, preocupando al presidente José López Portillo y al gobernador Bejarano pues había peligro de que sicarios del Ayatholá Ruhollah Musavi Jomeini vinieran hasta Cuernavaca para asesinarlo. Un año más tarde, el Sha moriría en El Cairo, oficialmente de cáncer… El picnic que en la misma época se le ocurrió hacer al presidente estadounidense Jimmy Carter en Ixtlilco el Grande, municipio de Tepalcingo, en medio del rumor irónico de que había venido a México buscando una cura a sus hemorroides y aparentemente sin más objetivo que el de la propaganda mediática de referir a un pueblito de la provincia mexicana donde las obras de riego eran financiadas por el Banco Interamericano de Desarrollo... La llegada, a fines de 1978, de José Antonio Zorrilla Pérez como el delegado del CEN del PRI para conducir el proceso de la selección de candidatos hacia las elecciones del 79, quien nueve años después sería encarcelado bajo la acusación de ser el autor intelectual del homicidio del periodista Manuel Buendía... Y los procesos políticos que culminaron con las nominaciones de Lauro Ortega y Antonio Riva Palacio como candidatos del PRI a gobernadores de Morelos, el “destape” anticipado de Jorge Carrillo Olea, cuya noticia publicó el columnista en exclusiva, su caída y el seguimiento a las circunstancias que en un sólo sexenio produjeron tres gobernadores, incluido el propio Carrillo, Jorge Morales Barud y Jorge Arturo García Rubí… Hasta llegar a las elecciones del 2 de julio del 2000, cuando por primera vez en la historia de México y de Morelos llegaron a la presidencia de la República y a la gubernatura dos candidatos postulados por un partido supuestamente distinto al PRI que por siete décadas había monopolizó el poder: los panistas Vicente Fox Quesada y Sergio Alberto Estrada Cajigal... Y aquí sigo… (Me leen mañana).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

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