El viernes que vino a Cuernavaca el presidente Andrés Manuel López Obrador, el alcalde Antonio Villalobos Adán le pidió su apoyo para dos cosas: una, la construcción de un distribuidor vial en el Paso Exprés, a la altura de la colonia Antonio Barona, y otra: la regularización de los Patios de la Estación. No hay (o el columnista no la ha encontrado) una historia escrita que precise cómo surgió la ciudad perdida de los Patios de la Estación. Sin embargo, relatos viejos referían que en la década de los cuarenta del siglo pasado trabajadores ferrocarrileros habitaron algunos carros del tren que estaban abandonados en el patio de maniobras de la estación del ferrocarril, y que paulatinamente familias de Cuernavaca y sobre todo provenientes del estado de Guerrero vinieron invadiendo espacios de la explanada poblada por árboles de eucalipto hasta que con el paso de los años alcanzó una invasión cercana a las veintidós hectáreas, vale decir, codiciadas por empresas fraccionadoras habida cuenta su alto valor comercial.

Otros y el desaparecido historiador Valentín López González consignaron la llegada a Cuernavaca de la primera locomotora, en 1897, inaugurada la estación del ferrocarril por Porfirio Díaz que en la misma ocasión cortó el listón inaugural del puente que lleva su nombre. Privatizado un siglo después Ferrocarriles Nacionales de México (Ferronales) por el presidente Ernesto Zedillo, en 1997 desapareció el tren México-Cuernavaca-Balsas, cayó en el abandono la casona donde estuvieron la taquilla y la sala de espera, fue invadido el tramo de vía que corría al lado de la avenida Plan de Ayala y en tanto el asentamiento de Los Patios permaneció en el limbo jurídico.

En los ochenta, el gobernador Lauro Ortega intentó un proyecto para reubicar a sus habitantes, pero fue en vano, permutadas sólo unas cuantas viviendas en la Unidad Morelos de Xochitepec, rápidamente regresadas algunas familias, quedadas otras y en seguida ocupados los lotes que habían quedado momentáneamente desocupados. Núcleo urbano marginado del desarrollo de Cuernavaca durante décadas, acabó “regularizándolo” el derecho de posesión de las familias que la habitan. Mas si regularizarla con papeles habría significado llevarle las obras de infraestructura urbana de las que históricamente había carecido, en junio de 2007 lo intentó el desaparecido alcalde panista Jesús Giles Sánchez.

Se presentó así la oportunidad de que el organismo liquidador de Ferronales cediera a la ciudad (y no vendiera en 52 millones de pesos, como pretendía) las veintidós hectáreas de Los Patios y los pasos de vía para construir en ellas alternativas de vialidad, por ejemplo, materializar la vieja idea de hacer una avenida en la paralela de Plan de Ayala, lo que acabó siendo imposible. Según datos de la época, en noviembre de 2005 Ferronales tenía en todo el país un universo predial de 300.4 millones de metros cuadrados, de los cuales poco menos de 114 millones se hallaban invadidos, entre éstos Los Patios en Cuernavaca.

Mientras, hacía años que algunos vecinos ya contaban con servicios básicos de agua potable y electricidad, había una cancha de basquetbol y un campo llanero de fútbol, y muchas viviendas de cartón se habían convertido en casas de tabiques. Sin embargo, la regularización seguía siendo sólo una buena idea sobre la que un sexenio más tarde insistiría el presidente municipal priista Jorge Morales Barud, en esa ocasión por medio de una solicitud de comodato a Ferronales pero también con resultados nulos. Por cerca de un siglo, tener las escrituras que les dé seguridad jurídica en la tenencia de sus casas ha sido el sueño más preciado para al menos tres generaciones de familias de Los Patios. Hoy, en la petición del alcalde Villalobos al presidente López Obrador les renace la esperanza… (Me leen después).

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN

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