El hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obrador vendrá hoy nuevamente a Morelos no significa que ya se haya olvidado de la foto que publicó el “Sol de México” el 4 de enero pasado, la de un personaje de la política posando al lado de tres líderes de organizaciones criminales. Lo tiene presente, pero por cortesía no lo menciona. De vez en cuando AMLO también se acuerda del caso “Panamá Paper”, sobre el escándalo internacional que desató la lista de evasores fiscales en la que aparecieron personajes multimillonarios del mundo empresarial y político, entre ellos un funcionario de Morelos. Siendo uno de sus colaboradores más cercanos, no hay duda de que el canciller Marcelo Ebrard le informó oportunamente a López Obrador del caso de las niñas Gal y Maya que, secuestradas por su propio padre, éste fue defendido en los medios por el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, Rubén Jasso Díaz. Como es sabido, Guy Dorel, el papá de las menores, pretendió llevárselas materialmente secuestradas a Israel, Jasso lo justificó diciendo que tenía la patria potestad de las niñas, en medios se habló de que Dorel aseguró haber gastado tres millones de pesos en sobornos y Jasso apoyó la salida de las niñas diciendo que el israelí tenía la patria potestad. Gracias a la intervención de Ebrard el israelí no consiguió llevárselas, los juzgados cuarto y sexto de distrito ampararon definitivamente los derechos de la mamá y fue así que el padre no pudo sacarlas del país. AMLO estará hoy en la Zona Militar para dirigir la “mañanera” y posiblemente asista Jasso, acomodado en el presídium gracias a su rol de titular del Poder Judicial en cuya presidencia hoy intenta reelegirse. ¿Para ello cuenta con la servidumbre de los votos de cuántos votos de magistrados?
EL taxista se puso al volante a las seis de la mañana, pero son las cuatro de la tarde y aún no ha reunido “la cuenta” del patrón. A este paso le darán las diez de la noche y apenas habrá sacado para la gasolina. Otra vez quedará a deber “la cuenta” y llegará a su casa sin un peso para la familia. Presionado por el tiempo y rogando a Dios por lograr al menos un par de “dejadas” rápidas, se arriesga a pasarse un “alto”. Pero cuando hay mala suerte, llega de donde menos se espera. No vio al inspector del Transporte, pero él sí lo vio. Para qué correr. Maneja bien, es veloz y no hay atajo que no conozca, pero para qué. El cazador ha visto sus placas, e incluso escapándose, no tardarían en agarrarlo en otro lugar. Tampoco alega; sabe que será en vano. Discreto, desliza un billete de doscientos pesos en la mano del inspector y reanuda la marcha, mascullando mentadas de madre, maldiciendo: “estos cabrones son unos inhumanos. No les importa que hay días que los taxistas no ganamos ni para comer. En lo único que piensan es en el dinero”…
Pardeando la tarde, en el lado opuesto de Jiutepec, lindando con Zapata, el campesino regresa a casa montado a caballo. Hace a diario el mismo viaje, cabalgando sobre el acotamiento para no ser atropellado, en sentido contrario a la circulación para ver las “rutas”, autos particulares y camiones cargueros que a esas horas pasan como bólidos. Y no lo puede creer. El inspector del Transporte que le ha dado alcance lo quiere extorsionar. Su pretexto resulta de antología: el reglamento no dice que los caballos deben traer placas de circulación, pero no deben transitar por las carreteras, así que una de dos: o el jinete “se pone a mano” o el uniformado con cara de pocos amigos se llevará el jamelgo al corralón. Es que el mordelón anda desesperado. Falta poco para que “se reporte con su jefe”, apenas ha reunido lo de la cuota y como ya le debe varias a su jefe lo bajará de la patrulla, justo por estos días cuando una reforma a la Ley del Transporte aumentará las multas hasta 57 mil 700 y automáticamente “las mordidas” serán más jugosas… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
