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Una vez más, los ciudadanos de Cuernavaca y del estado de Morelos llenaron las calles de la ciudad para marchar por la paz, pues los morelenses estamos hartos de tantas mentiras. La gente caminó, vestida de blanco, sin acarreos ni tortas, sin pedir nada más que participar. Yo no fui porque estoy del otro lado del océano, pero me siento orgulloso de que los morelenses salgan a protestar, pues ya no nos queda de otra; y estamos cansados de la situación actual, la muestra fue patente y, si no la entienden, en verdad que no tienen remedio.
Fueron los católicos, los protestantes, estudiantes, los maestros, los empresarios, los comerciantes, los líderes sociales y todos los que forman las organizaciones de la sociedad  civil; en fin, lo que es el verdadero pueblo de Morelos.
El Obispo de Cuernavaca Ramón Castro y Castro pidió silencio para orar por los desaparecidos y pedirle a Dios consuelo para los familiares que están sufriendo. Las cifras que difunde el gobierno sobre los avances son maquilladas a pesar de los casi dos mil millones de pesos supuestamente gastados en “seguridad” de 2012 a 2015, con recursos federales, estatales y municipales, que se han gastado infructuosamente, decía el señor Obispo mientras una marea blanca se arremolinaba a su alrededor.
Desde cuatro puntos de reunión diferentes, los caminantes de la paz, muchos de ellos familias enteras, todos vestidos de blanco, marcharon para realizar una gran concentración frente a la catedral, donde ya los esperaba el prelado desde las 09:00 horas.
Alrededor de las 10:00 horas, el Obispo Ramón Castro y Castro pidió un minuto de silencio a los asistentes por las víctimas de la violencia y del crimen organizado, para luego dar un emotivo discurso en el que cuestionó duramente la falta de resultados gubernamentales.
“Estamos aquí –dijo- para vencer la indiferencia y la resignación; no nos queremos dejar llevar por la globalización de la indiferencia, porque cuando afecta al plano institucional favorece y justifica actuaciones y políticas que terminan por constituir amenazas a la paz”.
Esta actitud de indiferencia puede llegar a justificar algunas políticas económicas deplorables, premonitoras de injusticias, divisiones y violencia, con vistas a conseguir el bienestar propio y continuó: “No es raro que los proyectos económicos y políticos de los hombres tengan como objetivo conquistar o mantener el poder y la riqueza, incluso a costa de pisotear los derechos y las exigencias fundamentales de los otros”.
Luego, el Obispo preguntó: “¿Dónde están los hermanos secuestrados, asesinados, heridos, robados, extorsionados?” Si bien reconoció que se han hecho algunos esfuerzos por alcanzar la seguridad en el estado, fue claro al señalar que falta muchísimo por hacer.
Dio a conocer que “según estadísticas oficiales, el sistema de Seguridad Pública -es decir, acorde a los datos maquillados-, los delitos de alto impacto en Morelos, de 2012 al 2015, han ocupado siempre los primeros diez del país. Actualmente, en secuestro ocupamos el segundo lugar; el cuarto en homicidios; el tercero en robo con violencia, y el sexto, en robo a negocios. En marzo de 2016, Morelos fue el estado donde más secuestros se cometieron, considerando la tasa por 100 mil habitantes”.
Pero lo peor, agregó Castro y Castro, “son las cifras negras, los delitos no denunciados y que corresponden al 92.8 por ciento. La gente ya no denuncia porque no cree ni tiene confianza en la autoridad. En la última encuesta realizada, el 86 por ciento de los morelenses se siente inseguro. A esto se agrega la gran desilusión porque sólo cinco por ciento de las denuncias llegan a una sentencia”.
Mencionó que muchos de los sacerdotes son testigos del sufrimiento de los morelenses, del dolor de miles de familias víctimas de la extorsión, del derecho de piso, de amenazas a su vida y a sus bienes, de secuestros, de robos en sus domicilios y negocios. Campesinos son amenazados de muerte si no pagan un porcentaje de su cosecha o de sus animales.
Seguidamente advirtió que “muchos están cansados y a punto de tomar decisiones drásticas para desahogar su enojo y frustración, como también son muchos quienes han decidido ir a buscar horizontes en otras ciudades más seguras para su vida y sus empresas”.
La mayoría del pueblo de Morelos ya no aguanta más. Está entre la espada y la pared, porque quienes deberían garantizar seguridad ejercen violencia contra el mismo pueblo.
“Nos ahogan también exigencias fiscales que no se reflejan en mejoras comunes; los pobres son cada vez más pobres y la corrupción y el nepotismo nos asfixian. Nos duele que algunas autoridades consuman los recursos del pueblo en autopromoción en los medios de comunicación para afirmar exageradamente los pocos logros, ignorando los enormes desaciertos, incapacidades y corrupción. No podemos negar la evidencia afirmando que la violencia y la inseguridad son cosa del pasado en Morelos; ni la poca transparencia en el ejercicio de recursos económicos, desviados para construir espacios de particulares”. De acuerdo. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin