Amigos lectores, les puedo decir que una clausura vibrante fue lo que vivimos dentro del estadio de Francia en Saint Denis con el juego de luces en el que participamos todos, ya que nos entregaron una pulsera que se prendía acorde a la decisión de los coordinadores del evento, quienes también señalaban a través de ese extraordinario sistema el color de la iluminación de manera momentánea.

El estadio, lleno a reventar, se empezaba a perder en medio de la sombra, ya que en París a las 9:00 de la noche apenas está obscureciendo. Así, mientras se perdía la luz, dio inicio la ceremonia con el hermoso himno de Francia, la famosa Marsellesa, que la gente cantó junto con la orquesta sinfónica que dirigía una mujer en el mismo estadio deportivo. De esa manera se prendió la emoción, tanto entre franceses como en extranjeros, que de pie escucharon y muchos cantaron con la voz en off de una de las más famosas cantantes de ese país. El estadio en ese momento empezó a cambiar, al encenderse los tres colores de Francia en cada uno de los pisos del inmueble.

El aplauso creció y se llegó a la emoción con el desfile de las banderas de los países participantes, la gente en el estadio aplaudía a su bandera, pero la emoción creció cuando salieron los deportistas de las diferentes delegaciones, que poco a poco fueron llenando el espacio central del estadio entre los aplausos de sus correligionarios. Los muchos mexicanos asistentes se distinguían por ir vestidos como para interpretar diferentes bailes tradicionales de la República Mexicana. Los grandes sombreros de charro y las banderas colgadas de los hombros de muchos, no solo mexicanos, le dio un colorido especial a la ceremonia; se ondeaban banderas de países que poco conocemos y gente de todo el mundo; la mezcla de idiomas era impresionante, pero, de manera increíble, destacaba una gran cantidad de mexicanos que estuvieron presentes entre gritos, aplausos y los cambios que todos vieron por la televisión, lo que emocionó a todos los que en un principio no habían entendido el porqué de las pulseras que les entregaron en la entrada.

El orden fue muy estricto, con sólo dos entradas; las colas para llegar fueron largas y todos los bolsos o mochilas revisadas a conciencia para evitar cualquier cosa inconveniente. La gente iba vestida desde en shorts hasta elegantes de traje a pesar de reinar una elevada temperatura de 36 grados.

Todo resultó muy bien y, después de terminar con la gran cantidad de luces y juegos pirotécnicos, terminó la Olimpiada 2024.

La gente salió contenta del estadio y ya casi eran las doce de la noche, y a partir de esa madrugada París empezó a vaciarse de extranjeros que sólo vinieron a la Olimpiada. París es la ciudad más visitada del mundo y se notó, se abrieron las calles que permanecieron cerradas para los diferentes eventos; en verdad, un orden impresionante -quizá a veces demasiadopero el resultado fue muy bueno: no asaltos, no robos y no violencia, que fue lo mejor, todos en paz. Nos despedimos con la 28 para quienes, apasionados de las Olimpiadas, quieran seguir con nuestros vecinos del norte en unos juegos olímpicos más de la historia de la gesta deportiva que empezó en Grecia.

Desde París, Francia, Teodoro Lavín, enviado especial de Diario de Morelos.

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