Una situación aparentemente cotidiana se volvió viral en TikTok, luego de que un hombre rechazara abordar un taxi por aplicación al notar que los asientos del vehículo eran de color rosa.

El momento fue captado por la propia conductora, quien suele grabar y compartir anécdotas de su trabajo en redes sociales bajo el usuario @osita_sugo. En el video se observa cómo la conductora se detiene para recoger a su cliente; sin embargo, el hombre comienza a cuestionar y criticar el interior del automóvil, hasta finalmente negarse a subir.

La escena generó una fuerte reacción entre los usuarios de la plataforma, quienes rápidamente comenzaron a debatir si el video era auténtico o si se trataba de contenido preparado. Aun así, la grabación detonó una conversación más amplia sobre prejuicios, estereotipos y percepciones sociales.

Mientras algunos comentarios señalaron que un servicio de transporte debería priorizar la comodidad del cliente y no el gusto personal del conductor, otros defendieron a la mujer, argumentando que el color del vehículo no afecta la seguridad ni la calidad del servicio.

La mayoría de las críticas se centraron en la reacción del pasajero, a quien calificaron como exagerado e intolerante. Incluso, varios usuarios asociaron su actitud con el concepto de masculinidad frágil, término utilizado para describir la inseguridad que algunas personas experimentan cuando sienten que su identidad masculina puede verse cuestionada.

El debate sobre la masculinidad y los estereotipos

La masculinidad frágil se relaciona con la presión social que empuja a los hombres a comportarse de cierta manera, evitando cualquier elemento que sea percibido como femenino. En muchas culturas, el color rosa sigue estando ligado a lo femenino, lo que provoca rechazo en algunos hombres por temor a ser juzgados.

Especialistas coinciden en que este tipo de reacciones reflejan normas culturales arraigadas, donde gestos simples —como un color— se convierten en símbolos de identidad y estatus social.

El video continúa acumulando reproducciones y comentarios, y se ha convertido en un ejemplo más de cómo las redes sociales funcionan como un espacio para exhibir, cuestionar y debatir conductas cotidianas que antes pasaban desapercibidas.

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