1.

Todos los poemas, todas las declaraciones de amor, las más elocuentes fotografías de su persona y los más altos reconocimientos están siendo volcados desde el jueves pasado en la figura de Francisco Toledo. El consenso sobre su valor es universal, la coincidencia amorosa sorprende. El profundo aroma de lo genuino adorna casi todo lo que se ha dicho sobre su ser. Se defienden fácilmente su postura ética y su propuesta estética. No hay forzamientos discursivos cuando se recuerda quién fue y lo que hizo.

Fallecido sin haber pasado por el aspaviento de la convalecencia pública, con la discreción que caracterizó su vida privada, Toledo dejó Oaxaca a los 79 años. Pero se fue sin irse. Porque resulta que como le dio al México contemporáneo la oportunidad de presentarse ante el mundo con una dignidad que no le brindan otras aristas de la cultura, comenzará a formar parte de esa otra historia del arte que es la de los MITO-ARTISTAS, los creadores que se vuelven bandera del país en el que nacen. Qué fortuna para nosotros los mexicanos contar con un creador tan completo como Toledo, artista de talla universal.

 2.

“Cuando yo comencé a pintar, yo siempre quise estar ligado a mi comunidad y entonces en mi comunidad había tradiciones orales, historias, mitos, cuentos. Entonces yo pensaba que podía ser un ilustrador de mitos”, declaró a El País en 2015, postura creo yo que articula los dos ingredientes principales que lo potencian hasta el infinito. 

En efecto, mito y erotismo son su materia de partida, pero hay que decir que la figuración fantástica que caracteriza toda su obra responde a la mezcla perfecta entre ligereza de trazos y valores cromáticos de la tierra. Un Toledo es un Toledo por obra y gracia de la elegancia; sólo él pudo hacer que una sarta de alacranes, un montón de sapos o una retahíla de murciélagos se pudieran vender y vender en miles de dólares.

Ahora bien, no podemos dejar de lado el hecho de que un erotismo franco adorna sus cosas. Pero ojo: se trata de un erotismo que paradójicamente y a pesar de que es generoso en penes y vulvas, no refiere a la excitación física, sino a la voluntad que le sirve al arte para expresar la vida. 

3.

La otra faceta de Francisco Toledo se llama Oaxaca. En dicho complejo y colonial  estado y capital, el artista tendió redes de ayuda y autoayuda inéditas, generó consciencia ecológica y sobre todo levantó la autoestima colectiva haciendo que la gente se mirara en el brillo de sus colores, tradiciones y costumbres centenarias. 

¿Quién no ha visitado el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) con todo y su biblioteca especializada en arte con la boca abierta y el alma complacida? ¿Quién no recuerda sus firmes posturas en contra de las empresas transnacionales dispuestas a tragarse todo a su paso?  

Toledo creó y cuidó hasta su muerte todo un ecosistema decididamente dedicado a promover las culturas de la entidad, revistió prestigio a su estado, generó derrama económica por un concepto -el de economía cultural- en el que todavía no creen los políticos de este país y por si fuera poco nos hizo imaginar un mundo en el que la ilusión y la vida práctica se pueden dar la mano con facilidad. Descanse en paz, lo vamos a extrañar mucho. FIN

 

María helena gonzález
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