El mundo entero está envuelto en una crisis económica y moral entre otras cosas porque los Estados Unidos y La República Popular China están confrontándose en una guerra económica sin cuartel y están propiciando que los demás países del orbe sufran las consecuencias de tal guerra.
La gente cree que el problema económico es sólo de México, que el asunto de que no haya ventas o que dejen de usar los servicios que antes alcanzaban es culpa del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero la cosa es que nuestro primer mandatario, si él fuese el responsable, la industria de la construcción mundial sólo estaría parada en México, al igual que la venta de automóviles, sobre todo la llegada de turistas extranjeros y nacionales (los que son los más importantes viajeros de nuestro País) y de un sinfín de negocios que están sin ventas y sin poder pagar sueldos, renta y sin cubrir sus gastos esenciales. El principal problema es la desigualdad económica en las familias de cualquier lugar, donde es igual que en nuestro País  Ahí hay miseria, pobreza, clase media, ricos y millonarios, como en Estados Unidos, en Inglaterra, en España, Francia, etc., con la diferencia de los grandes capitalistas que guardan el dinero sólo para tener más, sin importarles el bienestar del resto de la población mundial.
El neoliberalismo destruyó a la democracia al obligar al ciudadano a ser individualistas; a sólo pensar en sí mismos, incluyendo a su familia y al resto de la sociedad, pues para ellos no existe el prójimo y en muchos casos ni de los ciudadanos. En la actitud neoliberal desde temprana edad les enseñan a luchar para sí mismos, para su propio bien y ver al resto del mundo como un competidor dispuesto a arrebatarle la riqueza que con tanto trabajo ha atesorado.
Al término de su vida, deja esa riqueza para que la sigan ahorrando los herederos o peor que eso, una vez con esos bienes en su poder, las siguientes generaciones continúen explotando a los seres humanos con la férrea creencia de que lo que están haciendo es lo justo y que ellos se lo han ganado, así como la obligación de seguir guardando e incrementando su capital.
Y en esos casos, mucha gente piensa que la única solución para salir del problema es comenzando una guerra lo más lejos de su propia casa y de sus bienes, aunque tengan que enviar a su familia a “defender la democracia” con tal de vender armamento y sin pensar en las consecuencias que trae una guerra, en las muertes que causa hasta en los miembros de su propia familia, no les importa por culpa de ese egoísta individualismo.   
La guerra económica es el primer paso para comenzar una conflagración armada y en estos momentos es cuando más daño está haciendo a nivel mundial, porque no hay adonde ir.
 Esta empezó cuando el 22 de marzo de 2018 el presidente Donald Trump, en una declaración formal firmó un memorándum ordenándole al Representante de Comercio de Estados Unidos que aplicara aranceles a China por más de 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la ley estadunidense de 1974, usando como argumento “un historial de prácticas desleales de comercio”, incluyendo el robo de propiedad intelectual que China había estado haciendo durante muchos años, afectando la economía de Estados Unidos”.
El 2 de abril, el Ministerio de Comercio de China impuso aranceles a 128 productos estadunidenses incluyendo chatarra de aluminio, aviones, automóviles, productos derivados del cerdo, frutas, frutas secas, tuberías de acero y en especial a la soya, de la cual Estados Unidos exporta a China casi toda su producción. Los aranceles iban del 15% al 25% según el producto requerido.
Al día siguiente EEUU publicó una lista de más de 1300 categorías de las importaciones de china a su País con un valor de 50 mil millones de dólares, que incluían alzas de aranceles en piezas de avión, baterías, televisiones de pantalla plana, dispositivos médicos, satélites y armas.
En represalia, China impuso un impuesto adicional del 25% a los aviones, a los automóviles y a la soya y 3 días después, el 5 de abril, Trump ordenó que se le incluyeran 100 mil millones de dólares adicionales.
A principios de mayo China canceló todos los pedidos de soya estadunidense y ese mismo mes de mayo de 2019, el Secretario de Hacienda Steven Munchin dijo en una entrevista que estaban preparando la verdadera guerra comercial “porque esta apenas había comenzado”.
Pasaron los meses y por poco tiempo a México le empezó a ir bien, ya que el dólar se fue depreciando para poder competir y exportar más, el peso se mantuvo estable, el ciudadano no se daba cuenta de las repercusiones de ese conflicto, los empresarios comenzaron a vender más, sin analizar que los inversionistas no aparecían, porque nadie iba a exponer su dinero en negocios impredecibles, por lo que se comenzó a buscar conflictos por todo el mundo.
Se empezó por Corea del Norte, luego con Irán, Siria, Venezuela, casi toda Latino América con sus “halcones”, Bolivia al que ya se le dio un golpe de estado junto a los militares, la OEA y otros países quienes son especialistas para fabricar conflictos.
Ahora Trump ya está hablando de querer arreglar sus problemas con China, puede ser que el próximo conflicto lo quieran hacer contra México, por eso es que todos los mexicanos debemos respaldar a Andrés Manuel López Obrador, antes de que lleguen a amenazarnos con aranceles, con los estudiantes “dreamers” (estudiantes universitarios. En especial mexicanos) o con conflictos  internos preparados por sus militares o con sus halcones.
La guerra económica no puede seguir porque está amenazando la sobrevivencia de la Boeing, Apple, Nike y otras marcas, pues EEUU necesita que China continúe trabajando como productor de esas marcas de renombre y les mande esas mercancías mucho más baratos y por eso el mismo Estados Unidos ha creado de China una fábrica de enorme proporciones que a la vez emplea a millones de trabajadores chinos.
Estados Unidos y China se necesitan mutuamente y deberían planear las relaciones comerciales para los próximos veinte años y no estar apuntándose con un arma, la que se puede disparar con la facilidad del joven estudiante contra otros compañeros o de la supremacía blanca en contra de los mexicanos o de cualquier otro latinoamericano, en cualquier parte del país estadunidense.
Keith Lerner, el jefe de mercado del diario Sun Trust de Wall Street, dijo: “Tenemos que aprender a vivir juntos, antes de que revienten las dos economías más grandes del mundo y las empuje a una conflagración que no será de ninguna forma comercial.”
China es el tercer mercado que tiene EEUU después de Canadá y de México y por eso nos afecta el alza de aranceles, pues carecemos de los tratados comerciales con otros países con los que pudiéramos cubrir nuestras necesidades.
Y cuando ellos se arreglen, el dólar se va a ir para arriba y el peso regresará a su verdadero precio.

Va de cuento
Rafael Benabib
rafaelbenabib@hotmail.com