- Ándele don Ramón éntrele a las galletas de chocolate con crema, estas son del Super y están muy sabrosas- me dijo el joven David al ofrecerme una atractiva caja de plástico transparente con apetitosas galletas en su interior.
- Gracias David, pero yo no como comida chatarra. Además me acabo de desayunar y estoy más que satisfecho, contesté a su gentileza.
José Luis intervino aclarando que yo no comía nada fuera de la casa, pero no se atrevió a decir el porqué, me conoce y también las razones que le damos la mamá y yo a toda la familia, porque en la casa no entraban ninguna de esas atractivas y adictivas comidas que se venden como maravillas para alcanzar a verse sanos por la vitaminas y las calorías de los productos que hacen pensar que se luce como gente rica.
Gracias a esos productos los jóvenes se vuelven fuertes y guapos, las chicas, hermosas y rozagantes logran cuerpos sanos y mejoran su presencia y lo más atrayente es estar, sanos, que hasta la tez se aclara. Intervino Lucía.
- Mira David, le dije, En casa de los abuelos de José Luis se comían las galletas que hacía doña Chabelita mi mamá, luego los pasteles ‘de pobre’ que era lo que iba sobrando del pan que quedara en la mesa y a los 8 días, cuando estaba bien duro la tía de pepe y yo, nos poníamos a amasarlo con un poco de leche y la abuela le ponía piloncillo, pasas y huevos. Ese era el pastel más delicioso que he probado.”
Mi hijo brincó replicando que su mamá aún hacía ese tipo de pasteles, pero ellos se compraban los del super o de la tienda de abarrotes frente a la casa, aunque papá decía que era puro plástico, petróleo, pasta con sabor a chocolate con colorantes y azúcar artificial.
- ¿Desde cuándo dejó de comer pastelitos, porque los gansitos y el negrito, el twinqui, las barritas son de lo más rico y nutritivo, ya que tiene muchas vitaminas y calorías? No, don Ramón, no sabe de lo que se pierde. ¿A poco no ha probado las papitas fritas de las que “a que no puedes comer sólo una…”, con salecita y quebradizas? me preguntó David.
Le dije que sí las había probado y saben muy rico, pero cuando supe que usaban los más corrientes aceites y la cantidad de papas que se fríen con la misma estuve a punto de tirar la bolsa. Pues eso de que a que no puedes comerte una tiene razón, porque ni esa se puede uno comer. La mamá de José Luis nos hace papas fritas, a la francesa, enteras con crema y tocino y usa aceite de casa no para autos, con la auténtica sal de mar.
Además no necesitamos esa comida acompañada de refrescos de agua azucarada, colorante y saborizante artificial cuando tenemos tan sabrosa fruta para hacer aguas de todos los sabores, como el mango, el melón la guanábana, la mandarina y todo tipo de fruta natural que no necesita de colorantes, ni nada artificial, ni azúcares de ningún tipo, con o sin agua, sea el puro jugo o el agua fresca de jarrón de barro.
En comida natural somos de los primeros del mundo, de aquí salió el maíz para todo el planeta, seguimos comiendo tortillas en tacos, en tostadas, en chilaquiles e infinidad de otros platillos, como el pozole, las sopas y caldos con maíz de uno de los cientos de tipos, colores y sabores, hasta para el pozol seco con un poco de agua como desayuno, comida y cena en horas de trabajo en el campo, las quesadillas, las gorditas llenas de frijoles con chales, con papa, con longaniza, con flor de calabaza o con el platillo de los dioses de huitlacoche y de tinga, sin olvidar los tacos “acorazados” de doble tortilla, arroz blanco, un guiso con manteca que se escoja y la salsa de chile jalapeño y papas.
Un puchero con sus corundas de masa o un rico clemole con tuétano o un caldo tlalpeño.
Quién no ha probado sus tlacoyos, con la base de frijoles y con todo el tipo de comida mencionada, Los taquitos de chorizo de Toluca, los de papa, de pollo, de chicharrón en salsa verde. Y del famoso mole rojo con pollo, varios tipos de chiles: ancho, mulato, pasilla; con chocolate, almendras, plátano macho, cacahuate, cebolla, ajo, pimienta, azúcar, sal, clavo y pimienta. Luego el mole verde con costillitas de cerdo o piezas de pollo. Las manitas de puerco capeadas o a la vinagreta.
La rica cecina con crema, salsa, queso y frijoles, las tostadas de manita de res con tortilla del tamaño de un plato, con ensalada de chiles jalapeños y lechuga picada, acompañada de una papa hervida con crema, mantequilla y pedacitos de tocino, unos pambazos fritos de papa, de chorizo o de pollo con su salsa colorada.
Y para otro día hay que comerse su barbacoa de pozo cubierto con sus hojas de magüey, ya sea de carnero o de chivo con su consomé con garbanzo y una picadita para rematar. Siempre acompañada con una cerveza bien fría o su vaso de agua de naranja con papaya. También me comía mi Cochinita Pibil y unos ricos panuchos del sureste.
Para cuando teníamos prisa, nos aventábamos unas ricas “Tortas de Tacuba” de telera, frijoles, una cama de queso manchego, jamón, queso de puerco, chiles en salmuera, jitomate y cebolla. Con una de esas tenía para aguantarme hasta la cena.
Al día siguiente una rica pancita con poca pata con tortillas hirviendo y su jarrito de café de olla con piloncillo y canela. Y también tenemos los ricos tamales de hoja de plátano oaxaqueños o de hoja de maíz de pollo, de rajas o de cerdo pero bien picantes, acompañados de un chocolate de leche.
Luego vienen los postres entre los que se encuentran: la calabaza en tacha y también en caldo de piloncillo, el arroz con leche y canela, el flan casero con vainilla, los dulces cristalizados como los limones con coco, la rodaja de camote, la calabaza, los higos, los chilacayotes, las rebanadas de piña, las palanquetas de azúcar y las de cacahuate que a veces se venden con nueces; las alegrías, el camote de Puebla, la guayaba en piloncillo, los tejocotes azucarados, las nieves de Michoacán, las capirotadas, los dulces de coco de Guerrero, las natillas, el pirulí, la tapioca, los dulces rellenos de cajeta, los gaznates, los merengues y muchos otros dulces.
¿Para qué quieren tanta porquería de comida chatarra como los hot dogs, las hamburguesas, que es lo que queda de los restos de la carne, igual a los embutidos de lo que dicen que es jamón de pavo o de puerco, ya no digamos los pastelitos de pura grasa y en sus cereales azucares artificiales.
Tenemos una sociedad llena de gente obesa, diabética, hipertensa y otras enfermedades. Si la comida chatarra no es el único culpable, tiene mucha responsabilidad por la excesiva publicidad. Respaldemos al gobierno y a nosotros mismos, termine sin convencerlos.
Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com
