El proyecto del Presidente de México Andrés Manuel López Obrador, es que el plan de la Cuarta Transformación se haga realidad. Dentro de este plan está El Tren Maya, el cual va a unir al sureste con el resto de la República en varios aspectos, el transporte de personas, de carga y sobre todo el mostrarle al turista nacional y extranjero las bellezas y la historia de todas las culturas mesoamericanas en especial la Maya, una de las más importantes del mundo, siendo de las única que han sobrevivido a través de los siglos.
El plan ferroviario tiene contemplados 1,525 kilómetros de doble vía que esperan terminar durante los primeros cuatro años de la actual administración. El mismo tiene contemplado el desarrollo integral del sureste del País, mediante corredores turísticos e industriales, los que van a ofrecer fuentes de trabajo para miles de mexicanos de toda la región. Hay que dejar bien claro que México necesita de la inversión foránea y de la nacional.
El costo del pasaje dentro del Tren Maya hacia el sureste variará dependiendo del tipo de pasajeros y por supuesto, del lugar adonde vayan. Así los trabajadores de los centros turísticos y de los de otro tipo de trabajo que efectúen en cualquier tramo del recorrido. Esta gente tendrá una cuota mínima, mientras el costo del boleto para el visitante y para el turismo será un poco más alta. La idea es detonar el desarrollo del sureste del País, una de las zonas de mayor marginación.
Se tiene la idea equivocada de que este Tren Maya es exclusivamente turístico, lo que no es tal, ya que otra de las razones por la cual se ha hecho este proyecto de tal envergadura es para incluir al sureste en la nueva industrialización de México, al traer inversionistas a la península.
Por otra parte, se buscará que el turismo nacional encuentre más facilidades para llegar a estos puntos del País, ya que ahora sólo se puede arribar por avión o por barco, porque las carreteras están en mal estado y el vuelo del viaje por aire es incosteable para la mayoría de la población.
De día, El Tren Maya transportará a turistas para que puedan gozar de la hermosura del paisaje, de su flora y de su fauna; y durante la noche se usará para acarrear mercaderías y carga, la que ahora llega por barco y es oneroso para los usuarios.
Se van a usar 600 kilómetros de vía del antiguo Tren Sureste que inaugurara en 1950 el presidente Miguel Alemán Valdez que se adecuará y usará en el resto de la ruta ferroviaria. Desde aquel tiempo, estas instalaciones ya gozan del “derecho de vía” de la antigua estructura ferroviaria, de las carreteras, que irán de forma paralela a las torres en que están las líneas eléctricas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), pegadas a las vías del nuevo tren, para hacer el menor daño a la ecología.
No siempre vamos a permitir las amenazas y las ocurrencias de algún presidente gringo. Para eso tenemos que planear una estrategia y llevarla a cabo antes de que se vuelva a aprovechar de nuestra ingenuidad al creer que hay algo de ética, quienes por más T-MEC que firmen, se lo brincan con todo el cinismo de mundo.
La Compañía Ferroviaria Española (IDOM), escribió en la revista especializada de su País, que un trabajo de esa magnitud, requiere por lo menos de cinco años de trabajo, entre la complejidad orográfica de la zona, las integraciones urbanas, las estaciones, aún contando con la aprobación del terreno, los permisos y proyectos para empezar a construir.
Los trenes de pasajeros nunca son redituables y en la mayoría de los casos el gobierno debe de cubrir sus déficits. Pero únicamente en su actividad turística, aunque aparentemente es suficiente para cubrir los gastos de ese proyecto. El plazo de recuperación del costo está calculado en 130 mil millones de pesos y se necesitan de 10 a 15 años para integrar por completo al sureste con el resto del País.
Por tanto, en necesario contar con la inversión privada. Y en eso habrá que tener mucho cuidado y recordar lo que sucedió con los costosos contratos que se tuvieron que pagar al detener la construcción del aeropuerto de Texcoco.
El trayecto está proyectado para partir del Estado de Chiapas, pasando por varios puntos importantes de la Península de Yucatán. En total son quince estaciones entre las que se encuentran: Palenque, Balancán, Escárcega, Calakmur, Xpugil Bacalar, Tulúm, Playa del Carmen, Cancún, Valladolid, Chichen Itzá, Felipe Carrillo Puerto, Izamal, Mérida, Chochola y algún punto del Estado de Tabasco, como Pomoná, que aún no ha sido ubicado. El tren es de doble vía y de regreso al punto de partida. Dicho proyecto está abierto a la necesidad de construir estaciones nuevas que se vayan requiriendo en los lugares de mayor desarrollo.
    Estamos de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), “hay que cuidar nuestros vestigios arqueológicos que son parte de nuestra cultura, de nuestra historia y de nuestras tradiciones”. La Comisión de los Derechos Humanos también tiene razón cuando agrega que “no se puede pisotear la dignidad de los habitantes de los pueblos originarios, pues va en contra de su dignidad, sus costumbres y el respeto a su persona como ser humano”.
El de (FONATUR) Rogelio Jiménez Pons nos ataca con razón “porque hay que cuidar al turismo pues de eso vivimos. Mostremos las playas únicas y más hermosas del planeta, así como los monumentos prehispánicos”. Y no podían faltar los ambientalistas con quienes coincidimos: “Nunca dejaremos de defender a la naturaleza, a los ríos, a los árboles y también a los animales que viven libres, aunque los humanos los estemos sacrificando”
¿Entonces para qué estamos explicando lo del Tren Maya, si toda la opinión pública está contra de tal proyecto? Pero… ¿No se nos estará olvidando la Cuarta Transformación que proclama que debemos sacar a los pobres de la miseria? ¿Qué esos cohabitantes de nuestro México no son parte de nosotros o nosotros de ellos? ¿O nada más los necesitamos para enseñarle al mundo que en este país tenemos otro montón de “artesanía viviente”?
¿Qué se va a hacer con el Maya, el Tzilzil, el Tenek, el Tzeltal, el Tolteca, el Chontal, el Mames, el Lacandón, el Ixile y otros grupos étnicos del sureste mexicano? ¿Los vamos a dejar con sus Usos y Costumbres, vestimenta, pobreza e ignorancia de lo que el mundo ha cambiado? ¿O los tratamos como mexicanos y los incluimos a nuestra Nación, con trabajo, sin hambre y pobreza?
Porque para conocer su pasado está la biblioteca, está la escuela y está el museo, pero para dejar de ser parte del “tour” turístico y prestarse a salir en la fotografía junto al turista y que las muestre en EEUU o en otro país, como los indios mexicanos nos vestimos aunque nos estemos muriendo de hambre y le den la razón al ignorante de Trump.

Va de cuento
Rafael Benabib
rafaelbenabib@hotmail.com

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