Irán atraviesa uno de los momentos de mayor presión interna y externa de los últimos años. Una ola de protestas se ha extendido por todo el país en medio de una severa crisis económica, el endurecimiento de sanciones internacionales y una creciente tensión con Estados Unidos, que ha advertido posibles represalias si el régimen iraní responde con violencia extrema contra los manifestantes.

Las movilizaciones estallaron a finales de diciembre y, de acuerdo con organizaciones de derechos humanos, ya se han registrado más de 500 protestas en las 31 provincias iraníes. Los reclamos, que comenzaron por el deterioro del poder adquisitivo, rápidamente escalaron hacia consignas abiertamente contra el gobierno teocrático encabezado por el ayatolá Alí Jamenei.

Cifras de víctimas y represión

Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, al menos 544 personas han muerto y más de 10 mil han sido detenidas desde el inicio de las protestas. El gobierno iraní no ha confirmado cifras oficiales, mientras que el bloqueo de internet y de las llamadas internacionales ha dificultado la verificación independiente de los hechos.

Medios estatales han minimizado las movilizaciones y los periodistas enfrentan fuertes restricciones para documentar lo que ocurre en las calles. A pesar de ello, continúan circulando videos breves y testimonios que evidencian enfrentamientos, disparos y una fuerte presencia de fuerzas de seguridad.

Economía al límite y enojo social

El detonante principal ha sido la situación económica. El rial iraní se ha desplomado a niveles históricos, superando 1.4 millones por dólar, mientras la inflación anual ronda el 40 por ciento. El aumento en los precios de alimentos básicos como carne y arroz, así como el encarecimiento de la gasolina subsidiada, ha golpeado directamente a millones de familias.

A esto se suma la decisión del Banco Central de eliminar un tipo de cambio preferencial para la mayoría de los productos, lo que anticipa nuevos incrementos en el costo de vida. Analistas advierten que la presión social podría intensificarse en los próximos meses.

Advertencias desde Washington

En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia directa al régimen iraní, señalando que Washington observa de cerca la respuesta del gobierno ante las protestas. Trump afirmó que una represión sangrienta tendría consecuencias, declaraciones que cobran especial relevancia tras recientes acciones militares estadounidenses en otros países aliados de Teherán.

Aunque no se ha anunciado una intervención formal, las palabras del mandatario estadounidense han elevado la tensión diplomática y reforzado el temor de una escalada regional.

Un Irán más aislado en el escenario internacional

La crisis ocurre mientras el llamado “Eje de la Resistencia”, integrado por aliados y grupos respaldados por Irán en Medio Oriente, atraviesa su momento más débil en años. Hamás ha sido duramente golpeado en Gaza, Hezbolá ha perdido liderazgo en Líbano, el régimen sirio de Bashar al Assad cayó en 2024 y los hutíes en Yemen han sido blanco de ataques constantes.

En paralelo, Irán enfrenta presiones por su programa nuclear. Aunque insiste en que es pacífico, organismos internacionales advierten que el país cuenta con la capacidad técnica para fabricar armas nucleares en caso de decidirlo. Las negociaciones con Occidente permanecen estancadas desde los ataques de junio de 2025 a instalaciones nucleares iraníes.

Un conflicto con raíces históricas

Las tensiones entre Irán y Estados Unidos se remontan a la Revolución Islámica de 1979, cuando cayó el régimen del sha y se rompieron relaciones diplomáticas tras la toma de la embajada estadounidense en Teherán. Desde entonces, ambos países han alternado periodos de confrontación y diálogo limitado, con un breve acercamiento durante el acuerdo nuclear de 2015, del cual Washington se retiró en 2018.

Hoy, con protestas masivas en las calles, una economía asfixiada y una relación cada vez más tensa con Estados Unidos, Irán enfrenta un escenario incierto que podría redefinir su estabilidad interna y su papel en Medio Oriente.

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