El próximo 10 de abril, además de conmemorar el aniversario luctuoso del Generalísimo Emiliano Zapata, producto del cobarde asesinato perpetrado por Jesús Guajardo, se llevará a cabo el Proceso de Revocación de Mandato del Presidente de la República electo para el periodo constitucional 2018-2024, hecho inédito y, sin duda, histórico para nuestro País que, avalado por el artículo 35 constitucional y que, según se menciona en el artículo 5 de la Ley Federal de Revocación del Mandato, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 14 de septiembre de 2021, es el instrumento de participación solicitado por la ciudadanía para determinar la conclusión anticipada en el desempeño de la persona titular de la Presidencia de la República, a partir de la pérdida de la confianza.
Dicho proceso, más allá de la polarización y polémica que ha generado, en gran medida por las formas en que ha sido promovido, tanto por parte de las autoridades, como de los simpatizantes del partido en el gobierno, que, en lugar de generar un halo de confianza y una oportunidad de ser partícipes en la vida pública de México, han creado un ambiente de imposición, intolerancia, capricho y, en ciertos casos, como un movimiento desesperado por parte de algunos actores políticos para demostrar, de forma exasperada, su liderazgo y lealtad hacia el presidente de cara a las elecciones que se avecinan en el 2024.
No olvidemos la verdadera esencia de este ejercicio democrático que, a pesar de no ser vinculante en esta oportunidad, ya que ninguna ley puede ser retroactiva en perjuicio de una persona, representa el brindarle al pueblo esa capacidad de acción cuando no esté de acuerdo o se encuentre a disgusto con las formas o gestiones de sus gobernantes. Tomemos en cuenta que, el ser proactivos y participativos en este proceso generará un precedente y sentará las bases de este instrumento, tanto para poder vislumbrar los aciertos o errores que en la teoría no pueden percibirse, pero en la práctica sí, como para medir el interés real de los mexicanos en situaciones donde se les da voto.
Habrá gente incrédula, no solo en este proceso, sino en todo lo que se refiere a actos de política y, con más énfasis, en temas electorales, por todos esos pasajes de presuntos fraudes que se han vivido y por las reglas del juego pactadas en esta ocasión donde para que la Revocación de Mandato, en caso de que se pudiera aplicar, se necesitaría el 40% de participación, algo así como, aproximadamente, 38 millones de ciudadanas y ciudadanos mexicanos.
Por eso es importante involucrarnos más que nunca en este tipo de ejercicios, esa es la responsabilidad inherente que tenemos, dejemos de permitir que las minorías decidan el futuro por nosotros y marquen el rumbo de la vida pública de México, este 10 de abril salgamos a votar, ya sea porque el presidente se quede o que se vaya, pero contribuyamos a fortalecer la democracia en México mediante la participación ciudadana.
Finalmente, no está de más decir que esto es a título personal.
Por: Omar Arizmendi Hernández / opinión@diariodemorelos.com
