El término japonés “Hibakusha” se utiliza para describir a las personas que sobrevivieron a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki ocurridos en agosto de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de referirse a los sobrevivientes directos, también abarca a quienes sufrieron los efectos colaterales de la radiación en los días y años posteriores a las explosiones.

En japonés, la palabra está formada por tres caracteres: “被” (recibir), “爆” (explosión) y “者” (persona), lo que se traduce como “persona expuesta a una explosión” o, más comúnmente, “persona bombardeada”.

Los hibakusha padecieron múltiples consecuencias físicas, como quemaduras graves, enfermedades derivadas de la exposición a la radiación —incluyendo varios tipos de cáncer—, así como daños genéticos. A esto se suman las secuelas psicológicas: el trauma de haber vivido la catástrofe, la pérdida de familiares y la constante incertidumbre sobre su salud a largo plazo.

A lo largo de las décadas, los hibakusha también han enfrentado estigmas sociales y discriminación, tanto por temor al contagio de enfermedades como por prejuicios sobre su salud reproductiva.

Con el tiempo, este grupo de sobrevivientes se convirtió en una voz activa en la defensa del desarme nuclear. Muchos de ellos han compartido sus testimonios en foros internacionales y ante organismos como las Naciones Unidas, con el objetivo de evitar que tragedias similares vuelvan a repetirse.

Hoy, el término "hibakusha" representa no solo a quienes sobrevivieron a un ataque nuclear, sino también a una generación que transformó su sufrimiento en un llamado mundial por la paz.

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