El país no está para los “otros datos”; México no soporta una narrativa que se basa en la simple actitud del Ejecutivo Federal, para rechazar la cifra que no le acomode y contradecir cada mañana, los datos duros de organismos mundiales y especializados.

La realidad, como lo señalábamos hace unos meses, siempre termina por contrastar el presente con el pasado y nos da un bosquejo de lo que puede venirse en un futuro cercano. La única forma que tiene un gobierno para enseñar sus logros, es pasar de una democracia mostrativa a una democracia demostrativa.

Por más resulte anecdótico para algunos “fieles”, las cifras de generación de empleo formal, de crecimiento anual del PIB, de inversión extranjera directa, de turismo internacional, infraestructura, industria automotriz, de exportaciones totales, de créditos a los jóvenes, de apoyos a emprendedores, de inversión en el sector energético, entre muchos otros más, están a la baja y cuando bien nos va, estancados. Pasan de la anécdota a la historia y lo que más preocupa, pasamos de un indicativo que nadie puede eludir, de que el país está en una silenciosa recesión.

Por si fuera poco, los datos alarmantes si son tomados en cuenta por los capitales mundiales; los indicadores de seguridad jurídica no son óptimos y ante una marcada pasividad gubernamental para atraer dinero o mantener inversiones, la realidad nos dice que los capitales extranjeros retiraron 8.5 mil millones de dólares de valores gubernamentales en México ante la incertidumbre económica.

El debate de las tasas de interés no debería ubicarnos como ahora, en la gravísima disyuntiva de si las bajamos, las mantenemos o las subimos; quienes nos llevaron a esta crisis de desconfianza fueron las decisiones del gobierno actual en materia económica y financiera, aunado a un debilitamiento de instituciones autónomas que servían para brindar certeza a los inversionistas privados. Así, esta semana, si Banxico baja las tasas podría ser una señal para que los capitales busquen mejores rendimientos en otros paises y si las mantenemos, tampoco asegura que los capitales sigan en México, como lo estamos viendo con la partida de los 8.5 mil millones de dólares.

Como podemos constatarlo, el gran problema de México es cuando un optimismo presidencial, se topa con la realidad; no se puede cambiar al mundo bajo una lógica de que los único datos que cuentan son los propios y repitiendo que todos deben ajustarse a lo que llaman la “Cuarta Transformación”.

Los empresarios, así como los capitales mundiales toman sus determinaciones friamente, expuestos a diversos cruces de información objetiva y poniendo sobre la mesa tanto riesgos como oportunidades; la práctica pretérita del Gobierno de pretender dar confianza a los inversionistas reuniendo al Presidente con un grupo muy reducido de empresarios en privado, no esta siendo interpretado como un mecanismo serio y forjador de confianza.

Esperemos que no sea demasiado tarde para revertir la crisis que en todas las mesas y de manera muy cuidada se platica; lo que es muy cierto es que si nuestros gobernantes no han dimensionado la gravedad de los indicadores, quiere decir que el remedio tradará tiempo en llegar.

Si los defensores más preparados de la 4T, no tienen ni la más remota claridad de cómo pueden reposicionar su discurso ante las decadentes cifras económicas, eso quiere decir que los “otros datos” que se presumen, triste pero simplemente, no existen.

 

Guillermo Amerena Betancourt
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