Estamos frente a una espiral de violencia e inseguridad que no tiene antecedente en muchos años.
Ante el aumento de la incidencia delictiva a nivel nacional (basados en datos duros del Sistema Nacional de Seguridad Pública) se destaca que mes con mes, los delitos van a la alza.
Simplemente el mes de mayo reportaron 180 mil 387 delitos; 14 mil más que los reportados durante el mes de abril del año en curso.
Se rompió el record, para mal, de una década con un disparado aumento de los delitos de robo, homicidio, secuestro, fraude, extorsión, narcomenudeo, que son de alto impacto y ante ello, la respuesta gubernamental no da resultados pese a que desde hace 10 años no estábamos tan mal.
Afirmamos lo anterior porque pareciera que no hay estrategia de seguridad con un rumbo cierto; primeramente en la transición el Presidente electo López Obrador, ordenó a sus legisladores, impulsaran cambios para eliminar las facultades de la Secretaría de Gobernación en materia de ser la dependencia que concentrara el Sistema Nacional de Seguridad Pública y la Comisión Nacional de Seguridad, para volver a crear la Secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, como cabeza de la función policial.
El cambio podría ser entendible y hasta aceptable, sin embargo lo que devino de este cambio legal, fue que nunca se pudo consolidar una estrategia nacional de seguridad, cuando de improvisto, se le dio vida a la Guardia Nacional; es decir, todavía no acababan de recibir los recursos humanos y materiales en la nueva Secretaría de Seguridad Pública, cuando de un “conferenciazo mañanero” le quitaron todo el apoyo presidencial y se lo pasaron al nuevo cuerpo de seguridad de la Guardia Nacional. Dejaron una Secretaría de Seguridad Pública, sin dientes.
Estos cambios, obviamente, tienen en desconcierto y enojo a los elementos de la Policia Federal, al propio Ejército, al extinto Estado Mayor Presidencial -degradados a policías militares-, a la Marina y a la Fuerza Aérea Mexicana; aunque su disciplina y lealtad son mayores a su molestia, la poca seriedad y los cambios abruptos de directrices sin el menor sentido estratégico, han generado desgaste en grupos de estas instituciones, quienes señalan que este gobierno no solo demuestra su poca experiencia e incapacidad para la toma de decisiones, sino también cerrazón en atender recomendaciones de quienes son los expertos en materia de seguridad nacional y seguridad pública.
Este escenario es propicio para la delincuencia; esta nula política de seguridad, es su paraíso soñado y si a esto le sumamos una narrativa de gobierno que en lugar de disuadir los delitos, los pudiese estar alentando, seguramente los delincuentes están encontrando sus ofertas al 3 X 2, así como en la Comer.
Estos problemas ubicados en esferas federales, caen pésimo en la coordinación efímera que se está detectando de la federación con los estados y los municipios; si no se puede encontrar rumbo en lo federal, va a ser más complicado poder unificar criterios y estrategias con los estados y estos, con sus municipios.
Estos delitos de alto impacto, son en su mayoría del fuero común, pero son una repercusión ineludible, del desorden público, desde la esfera federal.
Esperemos se entienda que hacerle frente a la inseguridad, no debe ser atendido como una crisis política cualquiera; la inseguridad es real y no se terminará con el hecho que salga diario el Presidente a descalificar críticos, diga que hay otros datos y relate una narrativa de seguridad que es consuelo pocos.

Guillermo Amerena Betancourt
amerenaguillermo@gmail.com