Durante la homilía dominical, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, llamó a la comunidad católica a prepararse para la Navidad desde una vivencia interior de la fe y no solo a través de celebraciones externas. Al reflexionar sobre el Evangelio, señaló que el sentido central de esta festividad es la presencia de Dios hecho hombre, un Dios cercano que entra en la historia humana y habita en el corazón de las personas. Al meditar el pasaje del Evangelio de San Mateo sobre el nacimiento de Jesús, el obispo destacó la figura de San José como un ejemplo de fe silenciosa, obediencia y con fianza. Subrayó que José, aun sin comprender plenamente lo que sucedía, decidió actuar con justicia y misericordia al acoger a María, mostrando que la verdadera justicia no se basa en la rigidez de la ley, sino en el amor y el cuidado del otro. Castro Castro explicó que el tiempo de Adviento no es ingenuo ni romántico, sino un periodo en el que Dios entra en medio de las crisis humanas. Señaló que Dios no espera circunstancias perfectas para manifestarse, sino que nace en la fragilidad, en los conflictos familiares, en las preocupaciones económicas, en la enfermedad y en los contextos de violencia e incertidumbre social que viven muchas familias, incluidas las de Morelos.
“Nosotros vivimos con problemas no resueltos; cuántos de nosotros tenemos conflictos familiares, algunos desde hace muchos años, ahí entra Dios; cuántos de nosotros tenemos preocupaciones económicas; tenemos enfermedades o familiares cercanos o amigos con enfermedades graves, incertidumbre social y una sociedad violenta con tanta corrupción”, expresó.
El obispo resaltó que la historia de San José enseña que Dios actúa precisamente cuando las personas no tienen el control de la situación, y llamó a los fieles a “entrar en la escuela de San José” para aprender a creer aun sin entender, amar con misericordia, obedecer sin ruido y confiar sin garantías humanas. Finalmente, exhortó a preparar la Navidad no solo con adornos, luces o cenas, sino con un corazón dispuesto a acoger el misterio de Dios, para que el nacimiento del Niño Jesús encuentre a las personas, como a José, velando en silencio, confiando y obedeciendo desde la fe.
