Romper con los tabúes que hay en torno a la enfermedad mental es el primer paso para comenzar a tratarla. La depresión es un trastorno que afecta, según cifras de la OMS (Organización Mundial de la Salud) al 5% de la población mundial y se estima que será la segunda causa de muerte en 2030. Con la pandemia las cifras aumentaron y en niños y adolescentes ha sido aún mayor el índice de prevalencia.

La buena noticia es que la depresión, si es diagnosticada de manera correcta, puede tratarse. Lo que debe quedar claro es que es causada por una combinación de factores desde lo genético y lo biológico, hasta lo ambiental y psicológico. Según la Organización Panamericana de la Salud, se define como: “Una enfermedad que se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas”. El tratamiento consistirá en terapia psicológica o medicación, o  ambos.

En la mayoría de los casos una persona con depresión no será aquella que llore todo el día, sino aquella que no tenga ganas de vivir, que no experimente gozo, que parezca enojado y desalentado; además de que duerma mal o duerma mucho, por poner algunos ejemplos. Una analogía para comprender de qué se trata es pensar que puede estar sentado en el día más hermoso y soleado, pero no es capaz de alegrarse por lo que hay a su alrededor. Nada lo emociona, prefiere mirar al techo todo el día y contar las grietas de la pared. Sus ojos tienen una nube gris que no le permite sentir. El dolor es tan profundo que, a veces, preferiría no tener que despertar.

Empatía

Algunos expertos en el tratamiento y prevención de la depresión aseguran que una de las habilidades que se deberían desarrollar para apoyar a personas que sufren de esta enfermedad es la compasión o empatía. A una persona deprimida jamás le servirá que le digamos: “échale ganas”. Lo que sí puede ser de gran ayuda es acercarle posibilidades para su tratamiento y para que ocupe su mente en proyectos que puedan mantenerle en actividad. Escuchar cuando quiera hablar de cómo se siente y validar sus sentimientos. Además de preguntarle cómo hacer para que se sienta menos mal. A veces, incluso, confirmarle que es importante su estar en la vida de los demás.

Alimentos y ejercicio ayudan

El estrés puede ser uno de los detonantes de la depresión, por lo que mantener una dieta saludable resultará de gran ayuda para prevenir o evitar llegar a cuadros crónicos de depresión. Ciertos aminoácidos esenciales ayudan a producir hormonas que regulan los estados anímicos y los ciclos de sueño. Por ejemplo, la isoleucina, la valina y la leucina, que apoyan en la regulación emocional, de estados de alerta y calma; o el triptófano, que ayuda para que se pueda sintetizar la serotonina, una de las hormonas de la “felicidad” y del sueño. Estos aminoácidos se pueden adquirir a través de la ingesta de colágeno hidrolizado de alta calidad, como el que ofrece la Línea Bienestar de Duché, que cuenta con certificaciones de inocuidad y seguridad alimentaria.

El ejercicio y la meditación también ayudarán al cuerpo a mantener una mejor salud mental, por ende, a prevenir que un desequilibrio emocional o en la química cerebral pueda derivar en depresión.

Ante cambio prolongado

Recuerda que ante cualquier cambio prolongado en tu estado de ánimo o en el de tus seres queridos requiere de la atención de especialistas y que las sugerencias aquí mencionadas de ninguna manera sustituyen el tratamiento profesional de la enfermedad, son únicamente recomendaciones que también tendrán que ser autorizadas por un profesional de la salud.

Fuente: Duché / DDM


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