VERGÜENZA. El Carnaval de Jiutepec es el claro ejemplo de lo que NO debe hacerse cuando se trata de fomentar el turismo y destacar las fiestas tradicionales de nuestro estado.
Las redes sociales dieron cuenta del lamentable espectáculo que se vivió durante estos días, con personas en claro estado de ebriedad, vasos de cerveza por doquier y las calles convertidas en ring de pelea. Una fiesta que debería ser familiar y tradicional ha sido rebajada a una vulgar borrachera colectiva porque la autoridad municipal de Jiutepec no quiso poner orden en la venta de alcohol. Obviamente debe haber negocio de por medio.
El llamado del Estado a controlar la venta de alcohol cayó en oídos sordos. Y no es algo que sólo se diga o se invente, es lo que muestran las imágenes que circularon por todas las redes sociales. Querer negarlo es ponerse una venda en los ojos. Más triste es la opinión de aquellas personas que defienden el Carnaval de Jiutepec con la justificación de que “atacan” sin razón al alcalde. ¿En serio no ven lo que sucedió en el zócalo? Vergüenza debería de darnos como morelenses seguir promoviendo una “fiesta” de esta calaña para atraer a los turistas.
Porque alguien con un poco de juicio que vea lo que sucedió el fin de semana en Jiutepec, ni de chiste se vuelve a parar por aquí. Lo que se necesita si se quiere recuperar la verdadera esencia del carnaval es una autoridad municipal con la voluntad bien puesta para prohibir por completo la venta de alcohol, que sea la festividad la que destaque y no el descontrol.
Por ahora, está claro que eso no pasará en este trienio.
