EDUCACIÓN. El regreso a clases en el Internado “Emiliano Zapata” de Cuautla y el reciente protocolo puesto en marcha en una escuela de Jiutepec ponen sobre la mesa una realidad irrefutable: la seguridad en nuestras escuelas ya no puede seguir dependiendo de la vigilancia en las entradas.
Hoy, la protección de la niñez morelense exige una estrategia que prevenga los riesgos y comprenda que lo que ocurre en las calles y casas se refleja en el ambiente escolar. La propuesta de la Secretaría de Educación para extender los programas preventivos a nivel primaria es una necesidad apremiante más que una opción.
Atender el origen de las conductas y fortalecer la cultura de la paz desde los primeros años de formación es la única vía para que las aulas sigan siendo ese recinto sagrado de aprendizaje y no espacios de incertidumbre. Sin embargo, no debemos caer en la simplificación de ver la seguridad como una responsabilidad exclusiva de las autoridades o los docentes.
La prevención efectiva nace en el hogar, en el diálogo de los padres con los hijos y en la supervisión constante de lo que cargan en sus mochilas, tanto física como emocionalmente. Blindar la educación en Morelos es un compromiso de Estado, pero también es una prueba de fuego para nuestra sociedad.
El bienestar de las próximas generaciones depende de que entendamos, de una vez por todas, que la paz no solo se decreta: la paz se enseña y se aprende cada día.
