HACIA EL fin de semana anterior volvió a aparecer en redes sociales una amenaza de “toque de queda” de presuntos criminales, casi en forma paralela a otra de artefacto explosivo en instalaciones de la UAEM.

A estas horas, quizá todavía, los autores estarán riéndose de lo que les habrán parecido divertidas travesuras, pero que para cientos o miles de personas habrá sido otra historia de zozobra, de preocupación…

Más aún, estos casos particulares necesariamente repercuten de forma negativa en la actividad económica y de recreación, así como sobre la educación, como si el ambiente de por sí no fuera ya delicado.

POR CIERTO, en el mismo ambiente doméstico parece tomar carta de naturalización la sobredimensión de la inseguridad, también como si la situación actual requiriera más alertas a lo que la sociedad ya resiente.

Apropiarse del efectista “borregazo” de que el Estado de Morelos ha llegado a los mil homicidios dolosos, y, peor aún, reproducirlo así como así, trae consigo un alto nivel de maldad, inocencia o irresponsabilidad.

Es lamentable, pero no abona al bienestar estatal la manipulación de cifras, que por sí mismas son calientes: 525 dolosos en siete meses de 2019; 693, en todo 2018; 575, en 2017; 586, en 2016, y 480, en 2015.

CUANDO MARCO Adame Castillo concluyó su gestión de gobernador, a finales de 2012, los registros de inseguridad estatal habían escalado notoriamente, atizados por la muerte de Arturo Beltrán Leyva en 2009.

En la primera parte de la gubernatura de Graco Ramírez Garrido Abreu la violencia llegó al tope, descendió gradualmente y volvió a elevarse al final, para de igual manera venir a tope al inicio de esta administración.

Lo anterior pudiera dar pauta a un fenómeno cíclico en la inseguridad estatal, que en estos días coloca a Morelos en el top de la tasa nacional por cada 100 mil habitantes, y que deberá venir a menos. Ojalá.

HOY DÍA, si hay algún factor que puede reproducir el descenso en la inseguridad, ese es la Guardia Nacional, no parcial sino cuando esté realmente completa. Más vale así sea, porque no hay plan “b” a la vista.

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1