HAY dos-tres indicios de que luego de una etapa de estires y aflojes, de dimes y diretes, de tomas y da’cas, los poderes Ejecutivo y Legislativo o Fiscalía, así como el primero y un municipal, están hallando simetrías.

 

Es ahí donde la política rescata algo de su ya muy manchado prestigio, toda vez que es de uso común que cuando algo anda chueco se usa la figura de que se “politiza”, sin que falten razones para esa calificación.

 

Acá llamó la atención el reciente ‘téte-a-téte’ del gobernador Cuauhtémoc Blanco y el fiscal general estatal Uriel Carmona, entre quienes no se había dado afinidad en los primeros meses de la actual administración.

 

JUSTO del encuentro que en esta semana sostuvieron los titulares del Ejecutivo y de la Fiscalía, llama la atención que no fue precisamente un encuentro para la fotografía, aunque no faltaron los chuleos mutuos.

 

Sí, el convenio entre ambos funcionarios fue para el beneficio de más de un millar de trabajadores de la Fiscalía que estaban en riesgo de perder derechos sociales, luego del cambio de figura jurídica de la Fiscalía.

 

Mejor aún, que el mandatario destacara que por encima de colores y preferencias político-partidistas, se encuentren acuerdos para auxiliar a quienes son una parte determinante en la búsqueda de armonía social.

 

CUANDO se consiguió la aprobación del paquete económico 2019 en el Pleno del Congreso doméstico también brotó una señal de que el pleito entre poderes puede dar victorias a grupos, pero derrotas a la sociedad.

 

Es decir, hay evidencias, aunque tenues, de se está optando por hallar puntos de coincidencia y no aferrarse a los de divergencia entre los servidores públicos en su faceta de actores políticos y referentes sociales.

 

La distensión en las relaciones entre los gobiernos estatal y municipal de Cuernavaca es otro síntoma, aun con riesgo de cambio, de que se puede avanzar en la divergencia de posturas y ejercicios de acción.

 

A nadie más que a los morelenses de bien les convienen los acuerdos y el respeto de posiciones entre los gobernantes, a pesar de que no faltan los promotores de nada y destructores de todo que ¡ah, cómo chillan!

 

Por: E. Zapata

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