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El de ayer, para lord Michael Bates, no fue un día más. Fue el día en que la vergüenza carcomió tanto su conciencia que lo llevó a tomar una medida extrema: renunciar a su trabajo. Y no fue por una denuncia de abuso de autoridad, de corrupción o por un escándalo. Fue por haber llegado tarde dos minutos a una comparecencia ante la Cámara de los Lores. ¡Dos minutos!

“Quiero ofrecer mi sincera disculpa a la baronesa Lister por mi descortesía por no haber estado en mi lugar para responder a sus preguntas en un tema tan importante en el inicio de las consultas”, comenzó su mensaje apenas arribó. Además de lord, Bates es el ministro de Desarrollo Internacional.

Y continuó: “Durante los cinco años en que tuve el privilegio de responder preguntas desde este lugar en nombre del Gobierno, siempre creí que debíamos ascender a los más altos estándares posibles de cortesía y respeto como respuesta del Gobierno a los legítimos interrogantes de la legislatura”.

“Estoy completamente avergonzado de no haber estado en mi lugar, por lo que ofreceré mi renuncia a la primera ministra… con efecto inmediato. Lo siento”, sorprendió a todos Bates, mientras recogía sus pertenencias y abandonaba la Cámara.

La participación de Bates no duró más de 60 segundos. Suficientes para dejar a todos los lores congelados por su conducta. Algunos gritaron “¡No!”, cuando anunció su decisión. Otros rieron. Otros, sencillamente, no le creyeron.

La baronesa Lister, en diálogo con el diario inglés The Guardian, indicó que se comunicó con Bates para que intentara recapacitar y reconsiderar su renuncia. “De todos los ministros que quisiera hacer que renuncien, él sería el último”, dijo la dirigente política laborista.

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