compartir en:

Es el día de san Lucas, patrono del pueblo de Mazatepec, hacia el mediodía el calor arrecia, pero nos reciben con una cerveza helada en cada mano, güera o morena; güera por favor. Llega el aroma a mole verde que solo saben hacer las mujeres del sur poniente del estado, también hay rojo, cocinados en el tlecuil de leña que da un lento cocimiento especial, las mujeres están “echando” tortillas en el comal de barro. Sergio me había sugerido llegar con algún presente. 

Arrímales unas sillas, traite unos vasos, falta una mesa, ándale pues! 

Y a ti quien te invitó le dicen al gorrón del pueblo; pues nadie, pero tampoco me dijeron que no viniera, arajo vale!

Los anfitriones son miembros de la oriunda familia Toledo. Siéntate aquí Rubén, y Rubén pregunta amablemente a los de la mesa si no está ocupado el lugar; no hombre, te estamos esperando para que te cantes unas a capela porque no encontramos al cancionero. Por qué no te trajiste al Ernesto, al Jorge y al Malavida; es que esos cabrones siempre andan ocupados, dijeron que haber si nos alcanzaban. Otro mezcalito; bueno nomas otro porque traiciona; para bajarlo otra cervecita; bueno, si no es molestia. Nos acercan unos adictivos y crujientes tacos dorados, cacahuates recién cosechados tostados en horno, y otros más hervidos con tequesquite.

Con música grupera y ranchera, entre los de casa, bajo la sombra un tamarindo doy pie a la conversación sobre las siembras; las mesas están acomodadas por aquí y por allá; las mujeres cerca del tlecuil. Un mollito verde con puerco o con pollo, o rojito; verde, muchas gracias; con arrocito o quiere tamal nejo o de frijoles, bueno, mejor traigo de los dos para que se sirvan del que gusten.

Y como se acerca la temporada de levantada, empieza la plática; tu que sembraste compadre; yo, dos cuartillos de maíz, y tú, yo algo de jitomate, y el de más allá, yo caña pa’ no “jerrarle” si no, no es bisne, el jitomate es cosa de agarrarlo a buen precio o de plano te carga la chingada, ni pá levantarlo. Y entra Héctor -uno de los invitados- yo sembré avena allá por Tres Marías ahí no hay pierde ya la tengo vendida en versa -antes de sembrarla. Los tiempos están cabrones ya no hay mano de obra para cosechar, todos se van de mojados y las tierras se quedan sin trabajar, eso sí, mandan dólares a sus viejas pa’ mejorar la casa y pa’ la escuela de los niños, en Tilza ya pavimentaron las calles y en otros pueblos han construido su corral de toros.

Se escucha un lejano bullicio en la calle, es la mojiganga con la banda de viento y los cuetes. Los niños y las mujeres dejan la comida, van al portón y otros se suben al techo de la casa, y es que si están a su alcance los fiesteros las pintan con chapopote. La algarabía se acerca, los hombres se ponen el sombrero, de golpe terminan con lo que queda de su mezcal y cerveza en mano salen a la calle. Mejor no salgas, está carbón, te van a pintarrajear. Calle arriba se ve la muchedumbre que con disfraces se acerca lenta pero brincoteando alrededor de los gigantescos muñecos, verdaderas obras de arte diseñadas por los cartoneros del pueblo. El contingente se detiene frente a la casa con su estruendoso escándalo que te hace retumbar la caja pectoral. Hay quienes te intentan pintarrajear, aunque sea tantito te dicen, hay que entender la tradición.

De pronto se arma la bronca, varios agreden al muchacho que fue invitado por las primas, y es que a los primos les brotan los celos con el chupe, tienen que refugiarlo en la casa anfitriona, y los agresores intentan meterse a darle en la madre, las primas lo resguardan. Después de un rato de tensión se apaciguan las cosas y el medio madreado muchacho tiene ganas de irse del pueblo. Mejor ni meterse, nos dice el de casa, luego vienen los reclamos de las familias. Todo se tranquiliza, y otra vez a la mesa. En que íbamos, pues en la levantada, y es que en estas fechas se hace una comida a los jornaleros, es la tradición pues, va; jodidos pero contentos. 

…y sí pues, para arar la tierra hay que saberle a la yunta, no es así de fácil, pero el buey ya enseñado, es más entendido que el hombre, cuando se termina un surco, nomás le dices, vuelta chulo, vueelta!, y solito se da la vuelta dirigiendo al torete que está “aprendiendo” a arar, y cuando se enferma alguno o se muere, se le puede poner una buena vaca, pero buena, no chingaderas, no d’esas flacas flacas. Mira Carlos, el que maneja la yunta con el barzón se le llama gañan, no ves que por eso dice la cancón “Se me reventó el barzón y sigue la yunta andando” y es que la yunta ya sabe por dónde. Otro mezcalito, no gracias ya está peligroso -y ya llevamos cuatro rondas más las de güisqui pa’ nivelar, y es que es un desprecio no aceptarlas, nomás por eso no por otra cosa y hasta desconfían del que no se echa sus tragos. También se puede arar con mulas o burros o combinados uno y uno, pero a estos se les dice “troncos”. Los que no tienen tierras siembran en tlacolol, son empinadas laderas en cerros donde el tlacololero le busca un lugarcito para cada planta de maíz y junto pone una de frijol para que se enrede en ellas, y así cosechar el alimento de la familia para todo el año.  

Ya es hora; arajo, no se vayan por Coatetelco, ahí está cabrón, ya es de noche, mejor regrésense por Miacatlán.

P.D. Hasta el otro sábado

La tinta del cronista
Carlos Lavín Figueroa
[email protected]