En 1927 iniciaron los estudios para determinar el estado de ebridad en los conductores.  Actualmente, el alcoholímetro es una herramienta de suma utilidad que permite evitar que conductores en condiciones no apropiadas para manejar un coche pongan en riesgo su vida y la integridad de quienes los rodean sufriendo un accidente. Así como los coches día a día cambian y se innovan, el alcoholímetro de igual manera se desarrolla a través de cambios tecnológicos.

Al principio se  utilizó métodos orientados al espectro electromagnético, para mantenerse en el uso de una reacción química destacadamente cotidiana. Ya que el proceso de análisis de la sangre es muy complicado para realizarlo en plena carretera, se buscaron formas más sencillas y accesibles para evaluar y medir la cantidad de alcohol en el organismo al extrapolar los niveles aceptados de consumo al aire exhalado por el conductor. Los más antiguos funcionaban a través de un sensor infrarrojo que evaluaba  la cantidad de alcohol en el aire. Básicamente, el dispositivo media la cantidad de radiaciones electromagnéticas absorbidas por el gas vaporizado emitido por el conductor en su aliento. Mediante las radiaciones infrarrojas absorbidas por el etanol, el compuesto químico de las bebidas alcohólicas se lograba determinar el nivel aceptado. La longitud de onda a la del etanol absorbe estas radiaciones es de 9’5 micrómetros.

Las radiaciones restantes posteriormente se convierten en energía eléctrica. Es decir que, mientras mayor fuera la concentración de etanol en el aliento, se absorbería una mayor cantidad de radiaciones infrarrojas, y por ende se produciría una menor magnitud de energía eléctrica. Este proceso era calculado por el aparato y mostrado en su pantalla.

Con el objetivo de reducir los costos, se han modificado los métodos mediante los cuales se realiza la medición. En nuestros días es común utilizar un fundamento químico similar al empleado por las baterías, es decir, la célula electroquímica.

Básicamente las pilas se conforman de dos electrodos llamados ánodo y cátodo, que son introducidos en una solución salina. Cuando ocurre esto, la sustancia que se encuentra presente en el ánodo se oxida, lo que produce que se pierdan electrones que viajarán hasta el cátodo y producirán así una corriente eléctrica.

Al transpolar este sistema al alcoholímetro ocurre prácticamente lo mismo. El etanol contenido en el aliento procede a oxidarse en el ánodo, se convierte en ácido cinético y libera una cantidad de electrones. Estos llegan hasta el oxígeno atmosférico que se encuentra en el cátodo, y se produce entonces una corriente eléctrica que se corresponderá a los niveles de alcohol consumidos. Este es el proceso y la ciencia que se encuentra detrás del alcoholímetro de células electroquímicas.