En nuevas publicaciones se sigue fusilando que el nombre de Cuernavaca proviene del náhuatl Cuauhnahuac. Lo mismo pasa con otras palabras a las que se les quiere endilgar origen náhuatl de manera forzada, siendo notoriamente hispanas. Dice Ana Castaño en “Extractos de psicología dialectal” del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM; “Es una clara muestra de las actitudes lingüísticas y las reacciones psicológicas, de naturaleza sobre todo intuitiva y emocional, por parte de los hablantes hacia las distintas variedades de su misma lengua”. Y decir esto, no significa ir contra nuestras raíces ni contra nuestra identidad, sino al contrario, las esclarece y fortalece.
En 1981, durante mi estadía en España inicié esta investigación, en el sentido de que el nombre de “Cuerna-vaca” es un nombre compuesto innegablemente hispano y que deriva de su similar Caravaca -ubicada en el antiguo Reino Árabe-Andaluz- esto, por sus múltiples semejanzas con aquella ciudad.
Caravaca y Cuernavaca, tienen similitudes geográficas, topográficas con pendientes al sur y más pronunciadas hacia sus barrancas, con montañas al norte que proveen corrientes y múltiples manantiales de agua cristalina, producción de caña y haciendas azucareras y alcoholeras en los inicios de la época colonial. El nombre de la ciudad de “Xaúen” en Marruecos, viene de la palabra Chefchaouen o Shifshawen que en berebere significa “mira los cuernos” refiriendo al perfil de sus montañas aledañas, nombre que pasó a la cercana España como “Jaen” también ubicada al pie de las montañas; lo mismo que “Correboi” (cuernos de buey) en Cerdeña, y su correspondiente Cornoboi en Galicia. Y en Salamanca está Escuernavacas.
En el coloquio “El español en México” –La nuevarepublica.org- en el año 2016, en el que participaron la doctora Concepción Company miembro del Comité Directivo de la “Internacional Society for Historical Linguistics” especialista en variación lingüística, sintaxis histórica del español y teoría del cambio lingüístico; Ernesto de la Peña especialista en letras clásicas y miembro de la AML -Academia Mexicana de la Lengua-; José G. Moreno doctor en lingüística hispánica autor de “El lenguaje de los mexicanos” miembro del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y de la AML; y Pablo Escalante Gonzalvo doctor en historia por la UNAM, especialista en arte y cultura prehispánicas de inicios de la colonia, experto en la toponimia –nombres indígenas nahuas-, afirmó que “…la mayor parte de los lugares conservaron “conservaron” sus nombres indígenas que tenían durante siglos, (Cuahutlan quedó en Cuautla; Yautepeque en Yauepec; Guastepeque en Oaxtepec) -pero fue muy preciso al señalar- en el caso específico de Cuauhnahuac, los conquistadores le pusieron Cuernavaca buscando raíces hispanas”.
Por otra parte, Gutierre Tibon, mi maestro, considerado sabio, filólogo, especialista en nombres, miembro de la AML, en su obra “Aventuras en México” (1983), asienta que; “En el caso de Cuernavaca “NO se trata de una eufonización hispanizante del náhuatl Cuauhnahuac, como se admite generalmente, sino que, según lo observó el sutil Ricardo de Alcázar -literato y filólogo-, se trata de una adaptación del geónimo (nombre) mexicano a uno español ya existente, con el cual tiene cierto parecido fonético”. Y afirma que la población fue “rebautizada” por los soldados de Hernán Cortés” -costumbre que coincide con diversas poblaciones de América, dicho también por otros expertos-. Tibon autor de veinticinco libros, cinco de ellos del origen de los nombres propios dice en ese libro: “¿Cuál es el lugar de la Península Ibérica que sugirió el nombre hispano de la capital morelense? Es difícil averiguarlo. Creo, por el contrario, haber contribuido a la aclaración del estrecho parentesco del topónimo –geónimo- hispanizado (Cuernavaca) de la antigua Cuauhnahuac con el nombre de un lugar en España que algún otro día, otro investigador podrá tal vez identificar”. Y finalmente Tibon, asegura que el nombre viene de una ciudad española ubicada en el antiguo reino árabe-andaluz, pero no concluye de cuál es esa población.
El maestro y doctor en Historia Álvaro Matute investigador emérito de la UNAM escribió; “Qué bueno que existen sabios como Gutierre Tibón y Ernesto de la Peña. Tibón podía escribir y decir cosas interesantísimas sobre los significados de las palabras que sólo un gran erudito con mente libre puede hacerlo”.
Lo dicho por esos eruditos, coincide con mi investigación hecha años y décadas antes, en el sentido de que el nombre de Cuernavaca NO proviene de Cuauhnahuac, como se ha dicho y repetido sin ningún sustento lingüístico en viejos libros y repetido en nuevos, con el enclenque argumento de que, por su gran diferencia escrita y fonética, “es el nombre más distorsionado de la lengua nahua” ya que hay una incompatibilidad abismal.
Así que; para negar que Cuernavaca sea un nombre hispano, primero habrá que refutar a estos eruditos al mismo nivel y no de manera frívola.
El vínculo es a tal grado, que la catedral de Cuernavaca se construyó con el exclusivo modelo almenado de la Iglesia de Caravaca erigida dentro de lo que había sido fuerte musulmán, lugar declarado santo –de ahí sus influencias en el Nuevo Mundo- donde pasaban a encomendarse conquistadores y evangelizadores antes de partir a su aventura en las nuevas tierras conquistadas.
Así que, Cuernavaca NO es una deformación NI proviene del nahua Cuauhnahuac como a alguien se le ocurrió decir, y que solo por estar en un viejo libro, se ha venido replicando hasta en el Bando de Policía y Buen Gobierno de la Ciudad.
Es más fácil engañar que admitir haber sido engañado, aun siendo de buena fe.
P.D. Hasta el próximo sábado
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
