“El Principito” es una narración corta del escritor y piloto francés Antoine de Saint-Exupéry. La historia se centra en un pequeño príncipe imaginario que realiza una travesía por el universo habiendo llegado a la tierra desde un asteroide. En este viaje descubre la extraña forma en que los terrestres adultos ven la vida. Es considerado uno de los mejores libros de todos los tiempos, traducido a más de doscientos cincuenta idiomas, reflexiona sobre la vida, la sociedad y el amor, ha sido adaptado al teatro, cine, series animadas, ballet y ópera, y quienes lo leemos una y otra vez, siempre descubrimos cosas interesantes.

Narra la historia del piloto -el autor Saint-Exupéry- que, filosofando, mientras intenta reparar su avión averiado en medio del desierto del Sahara, se topa con un pequeño príncipe proveniente de un asteroide.

El piloto empezará a descubrir la fascinante historia de él mismo, personificada en principito. Un día, el principito se encuentra una flor, personaje central de este articulo-. El Principito la cuida y atiende con dedicación, pero la flor es dramática y caprichosa.

Como veremos, el tema central del libro, es la relación del Principito y la Flor, sin embargo, el caprichoso comportamiento de la Flor, lo confunde a tal grado que decide emprender un viaje a través del universo para separarse de ella y abandona el asteroide.

La travesía lleva al principito a visitar varios planetas hasta llegar a la Tierra, aquí conoce a un grupo de excéntricos personajes, y se da cuenta de lo raro que es el mundo de los adultos, tan ocupados siempre en asuntos serios e importantes, que se olvidan del mundo que les rodea y de disfrutar la vida.

Aquí en la Tierra, el principito entra en contacto con animales, flores y personas, antes de encontrar al piloto, conocerá al zorro, de quien descubrirá la importancia de la amistad y el valor del amor que siente hacia su “Flor”. Su nostalgia por ella y la decepción que le causa el mundo de los adultos lo motivará a regresar a su asteroide.

El zorro le dice al Principito, “Lo esencial es invisible a los ojos”, una reflexión sobre las cosas que, a veces, no somos capaces de ver, porque las observamos con una mirada superficial. “Fue el tiempo que pasaste con tu “Flor” lo que la hizo tan importante”, esto, al escribir la famosa novela.

Pero, ¿quién es la Flor del Principito en la vida real? En que o en quien se inspiró el francés Antoine de Saint-Exupéry para escribir esta novela. Aquella temperamental mujer, representada en una flor cuidada y resguardada bajo un capelo de cristal, igualmente frágil, vanidosa, única en su clase, fue la inspiradora para que su esposo escribiera El Principito.

La Flor -o la Rosa-, era una mujer de la vida real, su nombre era Consuelo Suncín, una salvadoreña hija de un General dueño de fincas cafetaleras. Se casó con un militar mexicano, aunque después se supo que solo era un vendedor de pinturas caseras, decide divorciarse meses antes de que su esposo muriera en un accidente de ferrocarril. Se trasladó a la Ciudad de México. Con una carta de recomendación, llegó a la oficina de José Vasconcelos, entonces poderoso ministro de Educación y futuro candidato presidencial. Consuelo no obtuvo el empleo que le solicitó al ministro, pero sí un borrascoso romance con el escritor quien la llevó París, donde coincidieron con el prosista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo -considerado como el más exitoso escritor latinoamericano de su tiempo- quien logró que Consuelo se casara con él, rompiéndole el corazón a Vasconcelos. A Consuelo, le fueron dedicadas varias páginas en las célebres Memorias de Vasconcelos llamado “El Maestro de América”.

Consuelo, al poco tiempo de su matrimonio, vuelve a quedar viuda y viaja a Buenos Aires en 1930 con el fin de liquidar las propiedades que había heredado del escritor Carrillo. Ahí conoce al elegante piloto y escritor aristócrata del sur de Francia, que inmediatamente se prendó de ella e hizo todo por seducirla; era Antoine de Saint-Exupéry, quien después escribiría El Principito inspirado en ella.

Intempestivamente y pese a la oposición de su familia francesa, Antoine se casó con aquella doblemente viuda y aborigen, de estatura pequeña. Consuelo se convirtió en su musa y su cómplice. Era sensible, con gran sentido crítico y artístico, dueña de una cuantiosa herencia y de valiosos contactos con los que decidió repuntar la carrera literaria de su nuevo esposo. Consuelo y Antoine vivieron 13 años de matrimonio intenso, lleno de creación y altibajos, él, siempre con sus frecuentes viajes, su gusto por la vida bohemia y sus múltiples infidelidades, siempre regresaba a su Rosa.

“Sabes que la Flor eres tú, quizá no haya sabido cuidarte, pero siempre te he encontrado bonita”, le escribiría después Saint Exupéry a Consuelo.

El autor del Principito murió durante la Segunda Guerra Mundial, en un vuelo frente a las costas de Provenza, el 31 de julio de 1944, dejando a Consuelo -La Rosa- como su heredera y única tributaria de su obra.

¡Hasta la próxima!

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp