Tenían años de no verse y como suele suceder se encuentran en un velorio; como te va, te veo muy bien; a ti también te veo muy bien, pero el tiempo no pasa así como dice el tango “que veinte años no es nada”; ya llovió dice fulano; ya nevó contesta el otro, y de una mirada le señala el cabello cano; ambos carcajean, los dolientes los voltean a ver como recordándoles donde están, y apenados salen de la sala deslizándose en reversa como Michael Jackson. Con ese presuntuoso “te veo muy bien” lo que hacen es ostentar que no se ven borrosos el uno al otro.
Inmersos en la amena plática la marea del tiempo los lleva y trae al garete en la barca del afecto, de pronto ambos enmudecen, se hablan con los ojos; “ya la viste”; el otro asienta, también sin hablar. Me doy cuenta que no la olvidas; calla, calla, lo obvio es cierto aunque no se diga, en aquellos años, ella me inspiró a escribirle estos versos:
Mujer moruna y guapona
era un pétalo de rosa
de ella me enamoré,
era hermosa como diosa
Su nombre es verso y poesía;
es edén, huerto y jardín en Granada.
Ah, como estaba prendido
de ese botón en rocío
Años después yo la miro
y veo que ya no es la misma
el tiempo no pasa en balde
y solo la vi al pasar
Y no, es la misma;
porque está; ¡más que mujer!
me la comí con los ojos
hasta que me desperté
¡Está, mucho más que hermosa!
hoy es flor esplendorosa.
Y más que resplandeciente,
és, una estrella fugaz
Vaya que me deslumbró
es que está más que radiante
es un sol que esta naciente
es la luna angelical
Ella es lluvia en el desierto
es luz en la oscuridad
y calor en el invierno
Siempre linda
siempre hermosa
siempre guapa y natural
Eterna Carmen…
Vanidosa,
quien la viera tan formal
Hasta poeta te hizo, eso es estar enamorado, pero cuéntame cómo has estado; pues de mis bienes mal y de mis males bien; pues como dice la canción “estamos en las mismas condiciones”, a que te dedicas ahora; decidí ser escritor, más de historia que de otros géneros “que cómo fue, no se deciiirte como fue”; ya sal del tema del amor; bueno, pues uno se convierte en escritor o porque lo disfruta o porque cree que tiene algo que compartir y si son ambos que mejor, mira, cualquiera puede escribir de historia probando lo que escribe, otra cosa es ser re-escribiente de temas ya escritos, que tendrían cierto valor si no fueran trillados, yo nunca pensé serlo, pero me invitaron a escribir lo que ya tenía investigado, los temas siguen brotando, cosas de lo que veo de lo que he visto y he vivido, como esos versos a Carmen, por cierto su nombre es edén y jardín, y sabes que, “le faltan horas al día para seguir escribiendo”, mira que ya he escrito varios libros; y has vendido algo; si, ya vendí mi casa, mi auto pues solo los autores de los grandes textos literarios, hasta que los logran, viven de esto; y más risas, ahora apagadas -por aquello del velorio-. Algunos que se sienten conocedores te ponen el pie para que caigas, quieren que digas solo lo ya conocido, eso alimenta su ego porque “ya lo sabían”, y para hacerse notar te corrigen con actitud de superioridad, o te embarran un ridículo “te faltó tal” como si fuera obligado decirlo todo. Y peor si dices algo nuevo de lo viejo, o distinto de lo nuevo, entonces te bloquean, no les gusta porque al desconocer el tema los metes en aprietos intelectuales y como no saben de qué carajos estás hablando, pues no saben qué chingados decir, entonces se sienten humillados, y con negarlo, aunque sea de actitud, se la dan de conocedores y creen que así salvan su ego, y ante su falta de argumentos y razonamientos lógicos lo que hacen es denigrar. En el mundo de las letras, sobre todo cuando son investigaciones, se ganan muchos amigos y algunos enemigos que de manera absurda critican tus temas sin fundamentos, yo, ya, libre todo eso, porque ante pruebas, evidencias y obviedades han callado, ¡ah! pero como dieron lata, ahora deben tener cruda moral. Bueno, yo creo que el escritor debe tener un doble, uno es el que escribe y otro es su propio crítico, pero aun así, hay que arriesgar, porque no arriesgar es un riesgo que entra en el riesgo de ser inútil, todo tiene un riesgo; reír es arriesgarse a parecer tonto, llorar es arriesgarse a parecer sentimental, exponer tus conocimientos es arriesgarse a exponer el propio ser, ser original es arriesgarse a que te señalan de excéntrico, presentar tus ideas es arriesgarse a la burla, decir lo que sientes es arriesgarse a que te vean débil, pero al final es bueno ser nosotros mismos, decir lo que sentimos y sabemos porque uno está hecho de lo que hace, el comodón se guarda para sí lo que siente y sabe, quizá por egoísmo, o, “por cobardía” –como dice otra canción. El que no aporta nada, no es criticado, sin embargo niega difamando aparentando ser lo que no es.
El escritor original vuela más alto que sus críticos porque todos apuntan y tiran para arriba y nunca para abajo.
Los que escribimos siempre sabemos más de lo que pensamos o más de lo que creemos saber, si no, no podríamos ser escritores, seriamos mecanógrafos, copistas o gramáticos.
Es así como un agudo observador ve cosas donde el obtuso no ve nada, así es también en política, y es ahí cuando se tiene algo que aportar.
P. D. Hasta el otro sábado
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


