Estamos conscientes de la rapidez con que cambia el mundo. La velocidad del cambio. Apenas nos damos tiempo para tratar de comprender los vertiginosos avances en la tecnología. El celular pasó de la noche a la mañana de ser un simple medio de comunicación verbal, a un dispositivo con capacidades que apena logramos utilizar. Nos cambió la vida. Hoy forma parte de nuestro cuerpo.
La pandemia nos obligó a utilizar tecnologías que nos eran ajenas. El trabajo y la educación a distancia se volvió parte de nuestra vida. Estamos conectados las 24 horas. Los sucesos en cualquier parte del mundo los conocemos al instante.
A nuestros hijos y nietos no les dice nada la vida que llevábamos cuando teníamos su edad. Nuestros intereses, sueños y propósito de vida les son ajenos. Sin embargo, los métodos para enseñar siguen siendo los mismos. Los niños y jóvenes se aburren ante los esfuerzos de los maestros para transmitir sus conocimientos. El maestro compite con las redes sociales que son mucho más atractivas que una clase en dónde el maestro se desgañita por mantener la atención de unos chicos cada día más insolentes y soberbios por saber utilizar los dispositivos con más destreza que los mayores.
Les estábamos agarrando la onda a las aplicaciones, cuando irrumpe sin misericordia la Inteligencia Artificial (IA). Llega entre alertas que previenen un desastre en la educación. La IA tooodo lo sabe, entiende, redacta, inventa, traduce, diseña, compone, modifica, redacta, ¡Habla!
¿Qué hacer? Los padres y los maestros se sienten rebasados. Los castigos y sanciones ya no funcionan. Los intereses de los educandos han cambiado y apenas nos damos por enterados.
Para acabarla de fregar, el gobierno federal desaparece al Instituto Nacional para la Evaluación Educativa. Sin evaluar, ¿cómo es posible mejorar?
Pero estamos en elecciones. Se abre una esperanza. ¿Cuál será el futuro de los jóvenes que vivieron la pandemia? Se perdieron al menos dos años en el proceso de educación. ¿Cuál es el futuro de la generación “Z” que está más interesada en TikTok y similares?
El filósofo francés Edgar Morin aporta algunas ideas para encarar el futuro de la educación. En su libro “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”, observa la oportunidad en siglo XXI, que dé un giro la educación. Propone una educación que evite la ceguera que existe en la actualidad; Que el conocimiento sea pertinente, que aborde los problemas globales; Que entienda la condición humana e integre los conocimientos dispersos; Que enseñe que somos parte de un todo complejo; Que se aprenda a hacer frente a la incertidumbre; Que enseñe a entender la importancia de comprender al otro; finalmente, que el estudiante aprenda la ética del género humano. Aportaciones de Morin ausentes en el “Humanismo Mexicano”.
Es tiempo para que las candidatas a gobernar compartan su visión sobre la educación. La fórmula propuesta por el continuismo, se resume en el “Humanismo Mexicano”. La candidata a la presidencia y la aspirante a gobernadora lo han adoptado. Y es preocupante. Es una idea bastante pobre en el sistema educativo que pretende instaurar una ideología.
La educación en México es responsabilidad de la Federación. Vale preguntar cuál es la responsabilidad del gobierno estatal, aparte de pagar la nómina con el dinero de la Federación.
En los discursos suena bien que la niñez sea el futuro de la patria. Discurso que se diluye rápidamente en el tiempo. Estamos en campaña y ¿Qué pueden aportar las candidatas. ¿Cuál es su idea y su compromiso? ¿Cuál es la responsabilidad del gobierno estatal?
En la página del desaparecido Instituto Nacional para la Evaluación, que se puede consultar, muestra interesantes diagnósticos del estado que guarda la educación básica en el país. Información que sirve para orientar las políticas públicas. Documentos que nos hablan de cuáles son las inquietudes que lastiman o deterioran las capacidades de los educandos y del magisterio lejos de las posiciones ideológicas.
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