Los reyes católicos mandaron investigar quién había matado al comendador, ser horrible que había asolado a la villa cordobesa de Fuente Ovejuna. Había cometido todo tipo de tropelías. El pueblo se rebeló y lo mató. El juez que investigó a los pobladores siempre recibe la misma respuesta: ¡Fuente Ovejuna, señor! Al iniciar el siglo XXI, la alternancia en México y Morelos finalmente había llegado. Se respiraba optimismo porque se pensaba que la democracia se instalaba y llegaba para quedarse. Entre los principales augurios del siglo que arrancaba, surgió una nueva institución: el Instituto Federal de Acceso a la Información, el IFAI. Gran acontecimiento. Significaba la construcción de un nuevo instrumento que fortalecía a la democracia. Surgía de la sociedad misma en un caso inédito del llamado grupo Oaxaca. Morelos se puso a la vanguardia al expedir la Ley de Transparencia, que superó a la ley federal. A diferencia de la ley federal, la de Morelos podía sancionar a los funcionarios que incumplieran con sus obligaciones de transparencia. La expectativa fue grande. Se pensó que podría ser un instrumento de la administración pública que permitiría contener a la corrupción enquistada en todos los niveles de la misma. La recepción a la nueva ley que creaba al Instituto Morelense de Información Pública y Acceso a la Información IMIPE, así como la ley federal al IFAI, fue mal recibida por todas las autoridades y por la prensa. A los gobiernos y sus tres poderes, porque les obligaba a mostrar lo que hacían y porque lo tenían que hacer públicamente. A los medios de comunicación, porque advirtieron una amenaza para sus relaciones subterráneas. Le llamaron la ley mordaza. A pesar de los obstáculos, el tema de la Transparencia de la rendición de cuentas y del acceso a la información fue ganando espacio. Los tres poderes, los ayuntamientos y los organismos descentralizados se vieron amenazados. Sin embargo, pronto los medios de comunicación descubrieron una beta enorme de cómo obtener información. Muchas organizaciones civiles también. Más lento, la sociedad comenzó a interesarse y a demandar que las autoridades mostraran lo que hacían. Gran revuelo. Hubo avances relevantes. Se tocaron temas que exhibieron las entrañas de los gobiernos. La respuesta no se hizo esperar. Los funcionarios comenzaron a aprovechar las grietas que tenían leyes y reglamentos. Aprendieron a ocultar la información aduciendo que era información confidencial. Desde la presidencia de la República, una y otra vez sostenían que la información no existía o la reservaban. Todos aprendieron. A diferencia de la historia de Fuente Ovejuna del siglo XV hecha obra de teatro dramático por Lope de Vega, con la Transparencia, las cosas se invirtieron. El pueblo no se rebeló ante la extinción de los organismos de transparencia. Entonces ¿Quién mató a la transparencia? En el caso del IMIPE, y supongo que en los otros Estados, fue parecido. El congreso debía seleccionar a los consejeros o comisionados, a partir de una convocatoria abierta a los ciudadanos que reunieran los perfiles profesionales y curriculares adecuados. En la práctica se repartieron los partidos políticos a los miembros del instituto por cuotas. Dependiendo del tamaño de la representación les tocaba proponer a los titulares del consejo. Allá fueron a parar los recomendados. Los ayuntamientos nomás se negaron (casi todos). Con todas sus fallas, el IMIPE pudo haber sido reformado. ¿Quién mató al IMIPE? No fue Fuente Ovejuna, señor.

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