La primavera está a punto de llegar. En Cuernavaca bugambilias, crisantemos y todas las flores de la estación se asoman como si les corriera la prisa. Es primavera sobre primavera, pues aquí es eterna. Es una pena que así como el clima es maravilloso, no lo sea también el clima social, que se encuentra ensombrecido ante la delincuencia.
En su columna del viernes anterior, Raymundo Rivapalacio en El Financiero, observa a Morelos y exhibe la cruel realidad de la delincuencia que es omnipresente. “Putrefacción en Morelos”. Llamó a su entrega. Lamentable recorrido por el territorio morelense en el tiempo y en la historia recientes. El video que circuló en redes de dos presidentes municipales del oriente de Morelos reunidos con el operador del cártel de Sinaloa en Morelos, nos balconeó.
Rivapalacio recoge de la entrevista hecha al Secretario de Seguridad Pública de Morelos, la falta de infraestructura en seguridad con la que se encontró. Y recordó que en la entidad operan 14 grupos criminales.
A la distancia, en nuestro paraíso, pareciera que no nos preocupa que Trump haya declarado terroristas a los cárteles mexicanos. Nosotros en el paraíso, nada nos preocupa. Sólo inquieta que tres de los cárteles tienen negocios en Morelos, y que el asesor de seguridad de Trump, Mike Waltz, declaró que van a desatar el infierno sobre ellos.
El Barbas, que es el capo del video con los alcaldes, opera (tranquilamente) desde hace 10 años en la zona. Rivapalacio dice que el Barbas encabeza la célula criminal que depende de la facción de La Mayiza del Cártel de Sinaloa, encabezada por el hijo de Ismael El Mayo Zambada. Documentos de la Secretaría de la Defensa señalan al Barbas, directamente relacionado con el exgobernador Cuahtemoc Blanco.
La cosa tiene muchas aristas delicadas y filosas. Los nombres de los cárteles que operan en el Estado parecen inspirados en la bardas que promueven eventos musicales en los municipios del territorio morelense: los Mayas, la Familia Michoacana, la Unión Tepito, Fuerza Morelense, los Rojos, el Cártel de la Sierra, los Tlacos…
Rivapalacio observa que “El mapa criminal de Morelos no ha cambiado mucho en los últimos años, pero ninguna autoridad municipal, estatal o federal había actuado seriamente para desmantelarlos. Incluso, como reveló Urrutia, (Secretario de Seguridad de Morelos) en toda una década no se giró ninguna orden de aprehensión contra ninguno de sus líderes. Naturalmente, la descomposición y la ingobernabilidad se cuentan solas.”
Quizá debería aplicarse un benchmarking. La estrategia exitosa de Coahuila (2011-2017) contra la delincuencia valdría la pena considerarla. En primer lugar el lema del gobernador fue “De la seguridad me encargo yo”. Se tradujo en poner todos los recursos del Estado en una sola dirección, que significó: crear 180 mil empleos formales, 240 preparatorias y 8 universidades, creación de un cuerpo de élite, policía de proximidad con mejores condiciones laborales y salarios. Combatió las formas de financiamiento de los grupos delincuenciales y fomento la transparencia y la participación de la sociedad civil.
Con este tipo de acciones se logró contener a la delincuencia en Coahuila. Quizá emulándolos se podría evitar la llegada de los gringos y sus drones en nuestro territorio. ¿Será demasiado tarde?
Difícil comprender que Morelos sea de uno de los estados con mayor tasa de homicidios y delincuencia. No es destino turístico importante como Acapulco o Cancún. Tampoco tiene desarrollo económico, y es uno de los estados que menos aporta al PIB nacional. (1%) Luego entonces ¿Por qué tanta delincuencia? A los malos les gustó Morelos. Esperemos la Primavera.
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