Morelos enfrenta un año muy complicado. Todos lo sabemos. Los daños que traerá la pandemia son de muy difícil pronóstico. Nos obligará a ser extraordinariamente precavidos en lo personal, lo familiar y lo colectivo. Evidentemente las distintas autoridades tendrán que hacer un enorme esfuerzo para lograr paliar los daños. Hacer menos difícil la carga de los ciudadanos. Será indispensable un esfuerzo de organización y coordinación de autoridades y sociedad.

En el 2020 el manejo de la pandemia fue la oportunidad para mostrar la capacidad de liderazgo. No la hubo y situó a Morelos como uno de los estados con mayor letalidad y tasa de contagios.

Por el contrario, hubo conflicto permanente entre los poderes. Un desgaste que no debió haberse dado, pues gobierno federal, estatal, municipal y el congreso provienen de la misma corriente política. Sin embargo no lograron coordinarse. Faltó voluntad política, liderazgo y altura de miras.

Por otro lado, la inseguridad nos mantiene en un permanente estado de alerta. Los resultados nomás no son los esperados. La violencia amenaza constantemente pueblos y ciudades sin distingo. La presencia del ejército en las calles no basta para amedrentar a los criminales. Pero sí a los ciudadanos, por que advertimos que algo no está funcionando al tener que recurrir al ejercito. Presencia incómoda que nos habla de que las cosas no están bien. Y las cifras de la delincuencia siguen creciendo…

Las prioridades en Morelos como en el país son evidentes: Combate al crimen, control de la pandemia y la recuperación de la economía familiar. Grandes retos enmedio de los comicios más concurridos en la historia para renovar el congreso y las presidencias municipales, con 23 partidos políticos en la contienda del estado.

Los problemas de salud, seguridad y economía se cruzan, sobreponen y enredan. Tendrían que ser seriamente diagnosticados, analizados, y evaluados, con el objetivo de impulsar políticas públicas que marquen el rumbo. Políticas que partieran de la experiencia obtenida en el terrible año pasado. Evaluar con seriedad los aciertos y los errores cometidos y voltear a ver a otras entidades y latitudes que están logrando mejores resultados.

Un alto en el camino para repensar lo hecho con objetividad. Destacar lo bueno, aprender de lo malo, y redirigir planes y proyectos. Los que gobiernan el Estado y el Ayuntamiento de Cuernavaca, ya tuvieron tiempo para el aprendizaje. Ahora ya saben que gobernar no es repartir despensas y soltar discursos o reinaugurar escuelas u hospitales.

Gobernar demanda una gran disciplina. Demanda atender los problemas y ajustar los planes concebidos. Demanda estar en contacto con la sociedad. Nada fácil resulta avanzar enmedio de una pandemia que amenaza con nuevos y más contagiosos virus.

Gobernar demanda trazar y volver a trazar las rutas elegidas. Girar el timón con firmeza. Apoyarse en la ciencia, la técnica y las capacidades y talentos personales. El año nuevo no se presenta nada bien. Demandaría una gran convocatoria a la sociedad para enfrentar conjuntamente las tres amenazas: Seguridad, Salud y Economía. O sea, se trata de definir Políticas Públicas. Es la herramienta que optimiza recursos y capacidades dentro del marco de la gobernanza, para establecer relaciones fluidas con los distintos sectores de la población que deben ser incluidos para una toma de decisiones consensadas.

Se antoja que, simultáneamente a la actividad gubernamental para enfrentar los retos, las nuevas alianzas que se están creando en el ámbito político y proponiendo candidaturas a las presidencias municipales y diputaciones, logren un auténtico debate entre las propuestas para el corto y mediano plazo de las futuras gestiones que tendrán una muy difícil época.

Las candidaturas de propuestas ciudadanas tendrán que tener ideas y estrategias serias, creativas, innovadoras. Ojalá y entiendan el enorme compromiso que tienen y que conlleva una oportunidad de verdaderamente servir a la población que se proponen servir, teniendo claridad en dos cosas: el diagnóstico serio de las causas que han generado el caos existente, ahondado en los dos últimos años, y la necesidad de crear la alianza que enfrente exitosamente a los fallidos intentos de los gobiernos. Este 2021 será un año político y con las consecuencias más grandes sociales y económicas que habremos vivido en décadas. Será también la posibilidad de rencontrar la ruta perdida. También lo será de la esperanza.

Por: Ariel Homero López Rivera / opinion@diariodemorelos.com