Lo que inició como un proyecto que generó miedo a los locatarios, a través de la historia el mercado Adolfo López Mateos se convirtió en un referente importante para las familias de los comerciantes, pues de acuerdo con la antropóloga María de Lourdes Meléndez Rodríguez esta conocida central de abastos ha tenido un largo proceso histórico y las personas que crecieron y se formaron en este espacio se autodenominan “Los Hijos del Mercado”.

Dentro de los antecedentes de espacios urbanos dedicados al mercadeo de productos en el valle de Cuauhnáhuac, capital del señorío tlahuica y hoy conocido como Cuernavaca, se destaca el Tianquiztli. Este estaba ubicado en la Plaza Maximiliano y ocupaba una dimensión de 2,700 metros cuadrados. Aparece en el primer levantamiento realizado en 1866 al Pueblo de Cuernavaca y se considera el tianquiztli más antiguo de la ciudad”, explica la antropóloga como antecedentes prehispánicos.

Posteriormente, agregó que “entre 1862 y 1867, fue renombrado como Plaza de la Constitución. En 1872, el primer gobernador del estado de Morelos, Francisco Leyva, decidió trasladar el tianquiztli y construyó un complejo comercial llamado Mercado Colón, que duraría 37 años. Fue el gobernador Pablo Escandón, alrededor de 1931, quien nuevamente en busca de modernidad, edificó el mercado Benito Juárez sobre la calle Guerrero, conocido popularmente como el mercado del reloj y hoy como Plaza Lido o el mercado viejo”.

De igual manera, explicó que el proceso urbanizador demandaba mayores espacios dinámicos y modernos para la ciudad. Y fue en 1961 que el arquitecto Mario Pani trazó los planos para un proyecto futurista que dio origen al mercado López Mateos, “una majestuosa mole de concreto con su imponente nave volada, realizada con cemento armado, sin una sola columna y con celosías de ladrillo para permitir el paso del aire, amplias escaleras y jardineras que brindaban sombra y un espacio de juego a los pequeños, características que presumían en ese entonces”.

Además, relató que se conectaba a la ciudad con un idílico puente llamado entonces ‘paseo dominical’, mismo que la población rebautizaría por sus curveadas formas y estructura como el puente del dragón.

Y fue hasta el siete de mayo de 1964, que el presidente de la República, Adolfo López Mateos, acompañado por el Gobernador del estado de Morelos, Norberto López Velar, y el presidente Municipal de Cuernavaca, Modesto Ramírez Reyes, participaron en una emotiva ceremonia donde cortaron el listón inaugural y entregaron simbólicamente las llaves del mercado López Mateos al entonces dirigente de los locatarios, el Sr. David Gutiérrez. “Develándose una placa conmemorativa del evento, la cual todavía se encuentra a la entrada de la sección de florerías”.

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