Un asno se había quedado cojo al pisar una astilla. Entonces vio un lobo y, muerto de miedo, le dijo:
— Lobo, me muero de la fatiga. Es mejor para mí ser tu almuerzo que de los buitres o los cuervos. Pero te pido un favor, que primero me saques de la pata la astilla que tengo clavada, para no morir con este dolor.
El lobo le sacó la astilla con sus afilados dientes; entonces, el asno, libre ya del dolor, le pegó al lobo una coz que le partió los dientes, la frente y los hocicos, y luego salió huyendo.
El lobo dijo:
— ¡Ay de mí! Me lo merezco, porque, siendo carnicero, me he metido a veterinario.

¿Cuál es la moraleja de la historia?