Es de sobra conocida la importancia de Cuernavaca como una de las ciudades vivas más antiguas de tierra firme americana. En este espacio se ha dado cuenta de Tamoanchan en la mitología precortesiana, aquel paraíso terrenal que se dice ocupo el territorio del actual Estado de Morelos. También de la milenaria presencia de los Olmecas en la zona de los ojos de agua de Gualupita en nuestra ciudad, para dar paso siglos después a la llegada a este valle de los Tlahuicas, una de las siete tribus nahuatlacas que partieron del mítico Aztlán junto con mexicas y tlaxcaltecas entre otros, los Tlahuicas no se asentaron en el valle de México, sino atravesaron el Ajusco para fundar Cuauhnáhuac, hoy Cuernavaca.
Hernán Cortés fue un avezado cronista, sus Cartas de Relación dan cuenta de ello, ahí narró la conquista y caída de Cuauhnáhuac en 1521. El extremeño no se pudo sustraer de la belleza y bondades del lugar y sobre las ruinas de los teocallis de Cuauhnáhuac, fundó la Cuernavaca que subsiste hasta nuestros días. Cortés también hizo de Cuernavaca cabeza y asiento del poderoso Marquesado del Valle de Oaxaca y levanto el primer ingenio azucarero de la América Continental en Tlaltenango uno de nuestros orgullosos pueblos originarios.
A partir de Cortés, se fue constituyendo una robusta crónica que ha dado cuenta en interminables ríos de tinta de la presencia de Cuernavaca en la historia de México. La pequeña población lejana en importancia a la Ciudad de México, a Puebla, Veracruz, Oaxaca, Querétaro o Guadalajara entre otras, fue sin embargo, testigo muda del paso de personajes y acontecimientos que han sido fundamentales en la formación del México de hoy y de nuestra memoria histórica, es precisamente ahí donde toma importancia la crónica en la antigua Cuauhnáhuac.
Incontables son los hombres y mujeres que han aportado y aportan a esta rica crónica, imposible mencionarlos a todos, de cualquier forma, imposible también no referirnos a figuras señeras en la crónica cuernavacense como El Barón von Humboldt, a quien se atribuye haber bautizado a nuestra ciudad como un sitio de primavera eterna, a la Condesa Calderón de la Barca, que chovinismo aparte, mencionó que el agua de mi natal Acapantzingo era la mejor del mundo. Julio Verne también hizo referencia al cercano Xochicalco y la breve presencia de Maximiliano de Habsburgo a caballo entre la Casa Borda y el Olindo no solo avivó la leyenda de sus amores furtivos con Concepción Sedano, sino propició crónicas de propios y extraños como José Luis Blasio, secretario del emperador y Karl Kevenhuller oficial de húsares austriaco y leal entre los leales al Habsburgo.
Con la República Restaurada y el Porfiriato la crónica cuernavacense se nutrió de Cecilio Róbelo, de Miguel Salinas y por supuesto Plancarte y Navarrete, segundo Obispo de Cuernavaca, Obispo Arqueólogo y fundador de la Academia Mexicana de Historia.
El siglo XX supuso la más dura prueba a nuestra ciudad, con la Revolución del Sur, Cuernavaca fue abandonada, saqueada y las familias debieron huir, aquí surge la crónica de Alfonso Navarro Quintero, quien narró el momento en que fue testigo desde el campanario de Catedral de la nueva ocupación de la Ciudad.
Vuelta la calma, después de la tormenta, la ciudad robusteció su crónica con plumas como la de Juventino Pineda Enríquez, el Padre Lauro López Beltrán y por supuesto con Don Alfonso Reyes y su inmortal poema “A Cuernavaca voy!”
Con la segunda mitad del siglo XX destacan el Ingeniero Juan Dubernard Chaveau, figura entrañable en la ciudad, quien con una trayectoria de 50 años de investigación se erigió en uno de nuestros principales historiadores y cronistas y por supuesto nuestro cronista por antonomasia, Don Valentín López González, también muy querido y con la particularidad de haber sido un magnifico alcalde de Cuernavaca y un magnifico cronista.
Todo lo anterior viene a colación por la notable acción que ha tomado el presidente municipal de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, de publicar la convocatoria para conformar el Consejo de Cronistas de Cuernavaca, como una entidad de participación social y ciudadana y contemplado por la Ley Orgánica Municipal del Estado de Morelos.
La anterior administración municipal, fue omisa en instalar el Consejo de Cronistas y así el último Cronista de la Ciudad de manera oficial fue Carlos Lavín, colaborador de este medio y quien sigue activo publicando y haciendo crónica en medios locales y nacionales. La convocatoria en cuestión que está abierta hasta el próximo martes 8 de noviembre a las cuatro de la tarde, no solo cubre las formalidades y los requisitos de ley, sino es incluyente, equitativa y da un trato de iguales a todos aquellos que cumplan con el requisito y el perfil para ser miembros del Consejo de Cronistas de Cuernavaca.
Estos vientos de cambio y legalidad deben dar oportunidad a mujeres, pero también a jóvenes, un Consejo sin sangre nueva está destinado a morir por elemental ley de la naturaleza, se aprecia y se aplaude la labor de Cronistas como Mario Oliveros, quien a sus 84 años sigue más vigente y activo que nunca. Pero también hay que ser incluyentes, tal y como la convocatoria lo establece, pues la oriundez y la edad son prendas muy valiosas, pero no requisitos únicos para ser miembro del Consejo de Cronistas de Cuernavaca.
Hoy esta renovación no solo se traducirá en una nueva era para la crónica en Cuernavaca, no solo como un pilar de nuestra memoria histórica, sino como la continuación de la labor de quienes nos han precedido por años construyendo la identidad que nos hace orgullosos cuernavacenses.
Don Valentín López González, cronista de Cuernavaca por antonomasia. Fotografía C.a. 1950, Archivo Fotográfico Valentín López González.
Don Alfonso Reyes escribió en esta ciudad su inmortal poema: “A Cuernavaca voy!”
Por: Roberto Abe Camil / local@diariodemorelos.com
