El Jardín Borda ha tenido a lo largo de su historia diversos propietarios. Según los Códices de Reedificación de Cuernavaca, escritos entre 1532 y 1552, señalan que estos terrenos eran propiedad de uno de sus “principales” (autoridades indígenas) de Cuernavaca, llamado Gregorio de San Martín.
No sabemos nada de los herederos y propietarios de ese lugar hasta la llegada de Don José de la Borda Sánchez, famoso minero que explotaba los yacimientos de plata de Taxco, los de Real del Monte, Hidalgo y en Zacatecas. José de la Borda adquirió la propiedad que lleva su apellido entre 1755 y 1765, por la cantidad de dos mil pesos, en donde comenzó a construir una gran casona para su disfrute.
Para 1776, Don José se encontraba muy enfermo, debido a que en el proceso de refinación de la plata se utilizaba el mercurio o azogue y quien está expuesto a este metal se expone a tener serios trastornos neurológicos y de comportamiento. A este envenenamiento se le conocía como “Ponzoña Mercurial”, es por esto que su hijo Manuel, que era cura de Taxco lo convenció de que se retirara a descansar en su casa de Cuernavaca. Dos años después, en 1778, Don José de la Borda recibió los últimos sacramentos de parte de su propio hijo y fue sepultado en la iglesia de San Francisco, en la actual calle de Galeana.
Se sabe que Don José tuvo varios hijos e hijas, uno de ellos fue el doctor Don Miguel de la Borda, una de sus hijas fue Ana María del Señor de San José, entre otros, pero fue su primogénito Manuel de la Borda quien recibió como herencia la propiedad y quien construyó “los primeros juegos de agua que se conocieron en el país” (el estanque principal) y quien convirtió la finca en un maravilloso jardín botánico.
El presbítero Manuel de la Borda falleció el 4 de diciembre de 1792 y a pesar de ser cura tuvo varios hijos “naturales”, entre ellos, José, Agustina Paz y María de Jesús, quienes le vendieron la propiedad al empresario español Don Anselmo Cayetano Zurutuza (1790-1852). Don Anselmo, originario de Bilbao, España, llegó a México a principios del siglo XIX y era propietario de las diligencias que cubrían la ruta que iba de la Ciudad de México a Veracruz. La empresa se llamaba “Coyne y Escandón” debido a que su socio era Don Manuel Escandón, tío del que después fue gobernador de Morelos, Pablo Escandón. Don Anselmo convirtió el Borda en casa de diligencias, además de que explotaba y rentaba la hacienda de Atlacomulco, propiedad del duque de Monteleone. Asimismo, fue él quien se lo rentó al Emperador Maximiliano en 1866, para que la utilizara como casa de veraneo.
Para 1873 el propietario era Don Domingo Nandín quien solicitó (el 2 de mayo) al Congreso del Estado no pagar la traslación de dominio por la compra del Jardín Borda, así como las contribuciones por espacio de 10 años. El Congreso negó la petición. (Periódico Oficial No. 50, Crónica Parlamentaria, 2 de mayo de 1873).
Debido a que Nandín se negó a pagar las contribuciones, la finca fue rematada judicialmente, siendo adquirida el 8 de abril de 1880 por el Lic. Francisco Rodríguez.
La familia Rodríguez rentó el inmueble en varias ocasiones. Entre 1910 y 1914 a un pastor de apellido Woods y a su esposa Sofía. En 1920 a un señor Julio Ferrari y entre 1927 y 1930 a un señor llamado Armando González y posteriormente al señor George J. Watson, quien lo comenzó a adecuar como hotel.
En 1939 el Borda fue rentado al Sr. Carlos Giacomini y a su esposa, quienes establecieron el “Hotel Borda Garden´s” y el “Restaurant Giacomini”.
Fue en 1944 que la heredera del señor Francisco Rodríguez, María Eugenia Rodríguez de Bacha le vendió la propiedad al señor Elmer Ray Jones, que también era dueño de una Agencia de la Wells Fargo, mediante la cual organizaba tours a turistas que visitaban nuestro país, principalmente norteamericanos.
Al morir el señor Jones, su hija Thelma Jones se lo ofreció al gobierno Federal en 1970. Después de varias negociaciones, el 12 de mayo de 1971 se publicó en el Diario Oficial el Decreto que incorporaba el Jardín Borda a los bienes de la federación.
Finalmente, el 26 de abril de 1984, el gobierno Federal sin desincorporarlo del dominio público de la Federación, retiró del servicio de la Secretaría de Turismo el inmueble para destinarlo al Gobierno de Morelos, quien a su vez se comprometió a realizar las erogaciones y obras necesarias para preservar y respetar las bellezas naturales, así como consolidar y conservar las construcciones existentes, como lo hace actualmente.
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