La Estación Espacial Internacional (EEI) —un laboratorio modular en órbita terrestre baja operado por NASA, Roscosmos, JAXA, ESA y CSA desde 1998— ha sido una plataforma para investigación científica, cooperación internacional y avances tecnológicos. Originalmente diseñada para operar hasta alrededor de 2030, la estación enfrenta planes de desmantelamiento y reentrada controlada en la atmósfera terrestre al finalizar su vida útil.
La propuesta tradicional contempla que la EEI sea sacada de órbita y dirigida hacia una zona remota del océano Pacífico mediante un vehículo de desorbitación desarrollado por SpaceX bajo contrato con la NASA, con el objetivo de evitar riesgos para áreas pobladas.
Sin embargo, algunas voces dentro de la comunidad espacial han sugerido alternativas al plan de “deorbitación” final, incluyendo ideas como mantener la estación en órbita y transformarla en un tipo de museo espacial para celebrar su legado y permitir a futuras generaciones apreciar este símbolo de cooperación humana. Esta visión contempla aprovechar tecnologías avanzadas como propulsión eléctrica para extender su vida útil y cambiar su función de laboratorio científico activo a un destino histórico o incluso turístico en el espacio.
Los argumentos a favor de preservar la EEI como museo espacial destacan que la estación representa uno de los mayores logros de la exploración humana, simbolizando décadas de investigación científica y colaboración internacional, y que su destrucción implicaría perder un hito patrimonial único.
Las dificultades principales de esta idea radican en el alto costo de mantenimiento continuo, la necesidad de tripulación o sistemas automatizados que garanticen su funcionamiento seguro, y la ausencia de un modelo claro de financiamiento a largo plazo, especialmente si se pretende abrirla al público o convertirla en una atracción educativa.
Por ahora, la dirección oficial sigue siendo el retiro programado, pero el debate sobre cómo preservar o reutilizar la infraestructura —en lugar de simplemente destruirla— sigue abierto entre expertos y entusiastas del espacio.
Convertir la Estación Espacial Internacional en un museo orbital implicaría replantear por completo su función actual, pasando de un centro activo de investigación científica a un espacio de conservación histórica y divulgación educativa. Esto abriría la puerta a nuevas formas de aprendizaje sobre la vida en microgravedad, los experimentos que marcaron un antes y un después en la ciencia y el papel de la cooperación internacional en el desarrollo tecnológico del siglo XXI.
No obstante, expertos advierten que también existen riesgos técnicos y de seguridad al mantener la EEI en órbita más allá de su vida útil original, como el desgaste estructural, la acumulación de basura espacial y la complejidad de mantenerla estable sin una tripulación permanente. Aun así, la propuesta ha reavivado el debate sobre si la humanidad debería preservar sus grandes logros espaciales como patrimonio común, en lugar de permitir que desaparezcan en la atmósfera terrestre.
