¿Por qué hay personas que con 45 años tienen peor salud que otras con 72? La respuesta reside en el concepto de fragilidad, que es el deterioro de las capacidades que permiten a una persona valerse por sí misma con autonomía e independencia. Si se previenen los factores de riesgo que influyen en esta pérdida de facultades, envejeceremos con mucha más salud
El envejecimiento es un proceso inherente a la vida humana, pero de nosotros depende que sea lo más saludable posible.
Para ello, debemos manejar el concepto de fragilidad (“frailty”), que aborda el deterioro y la vulnerabilidad de la población, un nuevo desafío al que se enfrentan las sociedades modernas porque limita al individuo a hacer frente a las demandas del día a día.
Así define este concepto Antonio Moreno y Villena, coordinador nacional I+D+I y Medicina del Trabajo de Premap, quien propone identificar los factores de riesgo para llevar a cabo acciones preventivas y promoción de la salud.
Para que un individuo sea considerado “frágil”, deben darse al menos tres de los siguientes indicadores de pronóstico:
Pérdida de peso involuntaria, sin variar dietas; Autoinforme de agotamiento; Pérdida de fuerza muscular, que implica un mayor riesgo de caída y daño; además de la aparición de sarcopenia (pérdida degenerativa de masa muscular); Actividad física reducida y; Disminución de la velocidad para caminar.

El experto define varios grupos de población trabajadora según la necesidad de actuar sobre ellos con distintos grados de prevención:

Hasta los 45 años
Existe un riesgo remoto, por lo que sólo se debe prevenir la fragilidad si existen parámetros de riesgo.
Entre los 45 y 55 años
Es conveniente realizar una prevención del riesgo cercano.
Entre los 55 y 67 años
Se recomienda hacer una prevención mixta: primaria y, en ocasiones, secundaria.
A partir de los 67 años
Hay un riesgo más alto de lesiones permanentes y por eso se aconseja una prevención integral en todos los niveles según los hallazgos.

Pasos para combatirla

Si se previenen los factores de riesgo que afectan al síndrome de la fragilidad, la persona envejecerá con menos daños y, por consiguiente, con una mejor calidad de vida.
El doctor Antonio Moreno y Villena establece la siguiente clasificación de patologías que influyen negativamente en el síndrome de fragilidad:

Los trastornos músculo-esqueléticos y locomotores, como los dolores musculares, la artrosis, la artritis, el codo de tenis, entre otros.
Las afecciones cardiovasculares, donde el primer factor que produce deterioro es la aterosclerosis (evolución progresiva de los depósitos de grasa en las arterias) y lo que ello conlleva: sobrecarga del sistema cardíaco, isquemia coronaria, angina de pecho, infarto, insuficiencia cardíaca, etc. También los accidentes cerebrovasculares, como el ictus o la embolia cerebral.
Las enfermedades respiratorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma, la bronquiolitis, etc.
Las enfermedades metabólicas, especialmente la diabetes y la hipercolesterolemia.
La malnutrición en personas mayores, que produce sobrepeso y obesidad.
El sedentarismo.

EFE/Agencia

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