Del Cuauhnáhuac de ayer, surge la urraca, con graznido fugaz como la estrella, ¡es un coro perenne a Cuernavaca! ¡Es Ciudad infinitamente bella!
Al conjuro de cálida caricia, se desprende en la sierra, hermosa valle; ¡su eterna primavera es la primicia que triunfal se desliza en cada calle!
En tu cuerpo que se ondula como ola, de suave curva y languidez de hamaca, y en tu cañada rumorosa y sola posáronse los dioses… ¡Cuernavaca!
Encantos tienes muchos en tu vida, que por doquier revelan tu hermosura; el que viene y te ve, jamás te olvida, al sentir tu sensual provincia pura.
Sabes cómo adornarte con tus flores y te gusta envolverte en sus aromas, robaste al Arco-Iris los colores con los que siempre tu belleza adornas.
Gozo el suave perfume de tus plantas y el ambiente nutrido en sus olores… tulipán, tabachines, jacarandas, bugambilias que cubren los amores.
¡Guayabas de sabores exquisitos, laureles que se cimbran con el viento, cazahuates que blanquean al infinito, hermosos hules que nos dan aliento!
Se oye cantar en coro a las chicharras en tus parques, tus plazas y jardines; ¡Chapultepec hermoso! Con tus aguas, se matizan de néctar los jazmines.
Eres tú, San Antón, bello torrente, tu salto de agua clara y cristalina, tiene tonos que susurran suavemente, la nota musical y cantarina.
En tus muros, pasillos y en tu lago, de tu amor el recuerdo se desborda, parece que estás hecho por un mago, solitario y umbrío… ¡Jardín Borda!
Refugios de la infancia y sus candores, que nos recuerdan con su paz el campo, ¡Jardín Revolución de mis amores! ¡Jardín de la niñez! ¡Melchor Ocampo!
Testigos de la historia están presentes en Teopanzolco y Palacio de Cortés; El Calvario recuerda a los ausentes… ¡Son tres joyas admirables a la vez! ¡Luchador incansable de estos suelos, tu incólume figura se destaca…! ¡Epónimo Patricio…! ¡Gran Morelos! ¡Vigilas silencioso a Cuernavaca!
Y es muy bello tu altar que al infinito, surgió como el fénix, de pavesa; ¡oh Catedral! Te hicieron el granito… Y ahí canta tu pueblo… Cuando reza.
Quiero encontrar la sombra en tus amates, presencia majestuosa de tu rango, ¡llegar en beatitud a Tepetates! ¡Y asistir a tu feria en Tlaltenango!
¡Natura en ti desparramó sus dones por igual en tu valle que en tu cielo...! ¡Suena el eco vibrante de los sones! cuando surge impetuoso ¡tu Chinelo!
No me dejes morir si no es contigo, cuando llegue la hora de mi duelo, ¡yo no quiero sufrir el cruel castigo de sentirme muy lejos de tu suelo!
Y he de pedir con devoción al cielo al sentir que en mi cuerpo el alma escapa, se cumpla lo que siempre fue mi anhelo… ¡Que me acoja en su tierra…! ¡Cuernavaca!
