Luego de recordar las múltiples vicisitudes vividas, disfrutadas y sufridas en los tiempos juveniles preparatorianos y en las etapas de incipientes profesionistas en que nos convertimos el Médico Veterinario Zootecnista Fernando Arellano por su camino y yo por el mío, bien recuerdo algunos de los grandes eventos compartidos con Fernando, su esposa, Rosalía Castillón, y en ocasiones con sus hijos, como lo fue una de las grandes convivencias en un Aniversario del Club 20-30 donde bailamos, cantamos, cenamos y nos ‘echamos’ nuestro elixir entre pecho y espalda; cómo no recordar, la presentación de su libro Piscolabis de Letras, por el cual me invitó y permitió compartir la satisfacción de su obra literaria; también agradable es recordar cuando el matrimonio de Rosalía y Fernando cumplieron sus Bodas de Oro y fui solicitado para expresar un mensaje en el bello Jardín Huayacán de Jiutepec; ahí conocí y nos identificamos con su hijo Fernando Arellano Castillón, con quien se estableció una excelente relación… Tardíamente supe del fallecimiento de mi fraterno amigo el Médico Veterinario Zootecnista Fernando Arellano, por lo cual hice contacto con su hijo Fernando, con quien remembramos detalles de la vida de su padre luego de ello, destaco que Fernando Arellano y Fernández fue médico veterinario zootecnista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, profesión que le sirvió de base para cumplir a lo largo de sus 90 años de vida múltiples actividades y funciones…
Reitero que fue dirigente estudiantil en la UNAM a principios de la década de los 60; maestro fundador de la Escuela de Técnicos Laboratoristas de la Universidad de Morelos; miembro fundador de la Cruz Roja de la Juventud en Morelos; miembro fundador de la Asociación Protectora de Animales en el Estado; también miembro fundador del Club 20-30 en Cuernavaca; socio del Club Rotarios de Cuernavaca; miembro de la Estructura Social Dumac; desde luego, debemos destacar lo significado de su presencia en la Gran Fraternidad Universal por ser Venerable Maestro de la Logia Nigromante…
Como empresario, bien compartió con su esposa, Rosalía, haber dedicado los últimos años de su vida a la industria hotelera con su bello espacio ubicado con preciosa vista panorámica en Bernal, Querétaro, donde su esposa puso en práctica sus saberes para elaborar riquísimos postres de distintos sabores y frutas que procedieron a envasar y distribuir en diversos espacios del poblado de Bernal, así como en Tepoztlán, Morelos, donde abrieron su negocio para expender esos ricos productos…
Hoy Fernando Arellano es un recuerdo en la historia de Cuernavaca y de Morelos por los múltiples desempeños que cumplió como funcionario en el área de su especialidad; por su ánimo siempre de servir a los demás con amable cordialidad en el marco de su carácter y energía… Como anécdota, en una de las mesas de convivencia que tuvimos mi esposa y yo con Rosalía y Fernando, cómo recuerdo la referencia multirrepetida de Rosalía por la admiración que le despertó en los tiempos juveniles de ambos el hombre que no sólo le llamó la atención, sino del cual se enamoró ya que decía y repetía: “Cómo me gustaba ese del bigotito”, que era Fernando… Más de 50 años compartió su vida matrimonial con doña Rosalía Castillón Fernández de Castro, con quien procreó tres hijos: Fernando, Genaro y Rosalía Arellano Castillón… A todos ellos con sentido afecto y cariño por su esposo y padre respectivamente, envío el abrazo solidario por su pronta resignación y el eterno descanso de mi fraterno amigo extinto… Mi gratitud a mi gran compañero y amigo…
¡Descanse en Paz don Fernando Arellano y Fernández! ¡Hasta mañana que será un día más!
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