La miel  es un néctar natural, fluido y viscoso producido por las abejas después de recolectar el polen de las flores. Las abejas lo recogen, transforman y combinan con la enzima “invertasa” que contiene la saliva de las abejas y lo almacenan en los panales donde madura. Además, la miel es una secreción que fue consumida anteriormente por estas. La técnica que involucra la extracción de miel de los panales de la colmena es conocida como apicultura.

Aunque tiene la fama de ser muy nutritiva, lo que tiene en abundancia son carbohidratos, que aportan azúcares, como la fructuosa y glucosa principalmente, pero otras como la sacarosa. 

La miel es fácil de adulterar al mezclarla con otros azúcares como la glucosa comercial, el azúcar común o el jarabe de maíz de alta fructuosa, cuya apariencia es similar a la de la miel. 

Leer la etiqueta nutrimental de la miel es muy importante para saber si lleva cualquier otro componente añadido, de ser así no puede etiquetarse como miel.

A pesar de que la miel no caduca, y tampoco se echa a perder, la etiqueta deberá decir: “consumo preferente y fecha de caducidad”. El departamento de Medicina y Zootecnia de abejas Conejos y Organismos Acuáticos de la UNAM, asegura que la mejor manera de reconocer la miel es aquella que se cristaliza, ya sea a la semana o después de varios meses. Lo anterior depende del origen de la miel y la temperatura del medio ambiente.

La miel adulterada puede encontrarse en los mercados públicos y en puestos de la calle, donde es común que los vendedores le agregan jarabe de fructuosa, pedazos de cera y abejas muertas para hacer creer que es un producto puro. En México al año producen más de 57 mil toneladas de este producto. Yucatán y Campeche destacan por su producción, sin embargo en otros estados se realizan buenas prácticas para asegurar su calidad. Por ello, la miel producida en nuestro país es una de las más cotizadas del  mundo.