Cada diciembre, al acercarse el 31, diversas culturas despliegan costumbres únicas para despedir el año que termina y recibir con esperanza el que inicia. Más allá del tradicional brindis y los fuegos artificiales, hay rituales y celebraciones que reflejan la diversidad cultural del planeta.
En Japón, la llegada del año nuevo se vive con un ambiente casi espiritual: los templos hacen sonar sus campanas 108 veces justo al filo de la medianoche. Esta práctica budista busca purificar a las personas de los deseos mundanos antes de comenzar un nuevo ciclo. Además, en muchas cenas se sirven fideos largos como símbolo de longevidad.
Una de las costumbres más conocidas en España es la de las doce uvas de la suerte, que consiste en ingerir una uva por cada campanada del reloj a medianoche. Cada una representa un mes del año entrante y, según la tradición, completar las 12 trae buena fortuna.
En Filipinas, la Nochevieja se caracteriza por vestir prendas con diseños circulares y colocar frutas redondas sobre la mesa: formas que simbolizan monedas y, por ende, abundancia económica.
Otras prácticas sorprenden por su simbolismo o creatividad. En Rusia es común que, justo antes de medianoche, las personas escriban un deseo en un papel, lo quemen y mezclen las cenizas con una copa de champán, que debe beberse luego de las campanadas.
En Ecuador, el 31 de diciembre muchas familias construyen grandes muñecos de papel que representan el año viejo y, al sonar la medianoche, les prenden fuego. Este acto simboliza dejar atrás lo negativo y abrir espacio para lo nuevo.
Un rito que sorprende por su creatividad ocurre en Dinamarca: tras la cena de fin de año, la gente no solo tira platos viejos al suelo, sino que también salta desde sillas a medianoche como un gesto para “saltar” hacia un año con mejor suerte.
Estas costumbres son solo una muestra de cómo diferentes sociedades interpretan el inicio de un nuevo año, mezclando superstición, celebración y esperanza para los próximos 12 meses.
