Las historias de terror tiene su encanto y hasta la fecha, las películas de ese género suelen redituar buenas ganancias en taquilla y en las diversas plataformas que la modernidad ha traído a nuestros hogares.

Desde niños nos espantan con “el chamuco”, “la llorona” o algún otro espectro que amenaza con chuparnos la sangre o llevarnos con él para siempre.

No creo que exista una sola familia mexicana que no tenga en su baúl de los recuerdos algún pasaje de horror.

Mi padre contaba el siguiente: En algún pueblo se decía que una casona vieja era habitada por fantasmas. La propiedad estaba semiderruida y el portón permanecía cerrado a piedra y lodo.

Aunque carecía de candados o cerraduras, era imposible abrirlo, lo que alimentaba el morbo de los pobladores.

Pero una noche al año, en la madrugada, se abrían las puertas de par en par y aquel que ingresaba, se encontraba con un arcón repleto de monedas de oro y todo tipo de joyería.

Cuando el intruso se aprestaba para llevar consigo parte del tesoro, aparecía un hórrido espectro, descarnado y volátil, que le decía: “todo o nada”.

Obvio que el que no quedaba ahí muerto por un infarto, huía despavorido sin una sola moneda y con un susto que le duraría toda la vida.

Pues resulta que una de esas raras ocasiones en que quedaba abierta la casona, acertó a pasar por ahí un borrachito.

Iba hasta el mango, pegando contra las paredes y platicando con los postes.

Al ver franca la entrada, se metió y quedó ante sus ojos el botín ya descrito.

Cuando se aprestaba a llenar sus alforjas, apareció el monstruoso ente y le dijo la consabida frase: “todo o nada”.

El beodo no se amilanó, tomó parte del caudal y sin inmutarse respondió: “voy y vengo, hijo de la tiznada”.

La historia viene al caso luego de ver deambular por la cancha, en una patética escena de horror, a lo que queda de Javier Hernández el pasado sábado ante el América.

Poco o nada se vislumbra de aquel gran goleador y del chavo sencillo y carismático que algún día tuvimos.

“Chicharito” tuvo un inicio deslumbrante con el Guadalajara y la selección nacional. Ha participado en tres Mundiales, anotando por lo menos un gol en cada uno de ellos.

Tuvo las agallas de intentar triunfar en el extranjero y vistió con decoro las playeras de Manchester United, Real Madrid, Bayern Leverkussen, West Ham y Sevilla, hasta su último club, el L.A. Galaxy, de donde salió lesionado y fuera de forma futbolística rumbo a la “Perla tapatía”.

Al margen de su evidente baja de juego, lo que llama la atención son sus dichos y desplantes que lo han hecho merecedor al “Evenflo de Oro”, galardón equivalente al Oscar y que se entrega al tipo más mamón de la comarca.

Nunca se aclaró el por qué fue dado de baja y nunca más convocado al tricolor.

A punto de cumplir 36 años, su futuro parece incierto, corriendo el riesgo de ser recordado más que como el gran goleador, como un simple fantasma.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp