Asistir a un partido de futbol en México se ha convertido en calvario. No solo es un tema de precios, sino que tiene que ver con todo lo que rodea querer ver el espectáculo favorito en vivo y a todo color.

Hoy el América juega en el más incómodo y vetusto estadio de la Liga. La Ciudad de los Deportes, en la Colonia Nochebuena, carece de estacionamiento, butacas cómodas y sanitarios decentes.

Pumas y Cruz Azul son locales en Ciudad Universitaria, donde las porras hacen lo que quieren con los seguidores del equipo visitante, con total impunidad.

En Querétaro se registró, hace un par de años, una de las peores broncas de que se tenga memoria y no parece tener remedio.

En San Luis la cosa no va mejor en el Alfonso Lastras y hasta en la antes apacible Aguascalientes, es todo un tiro ir a ver jugar al Necaxa.

Los estadios de Nuevo León son abiertos campos de batalla. Con eso de que se venden los famosos “abonos”, usted corre el riesgo de ser golpeado, humillado, agredido y herido si se atreve a portar la casaca del rival.

Hemos sido testigos por la televisión, como por quítame allá estas pajas, un orate agrede por la espalda a otro aficionado, quién no ha cometido otro pecado que no irle a los Rayados, por ejemplo,

En Torreón, los seguidores de la visita fueron sacados antes del silbatazo final y hacinados a las puertas de un estacionamiento. Una mujer enfurecida, dirigió su camioneta contra la multitud, atropellando a mujeres y niños, valiéndole madre, si se me permite la expresión.

Ahora fue en el estadio Akron, sede del Rebaño Sagrado, donde al finalizar el Clásico Nacional, de la tribuna se arrojó una botella sobre los jugadores del América, quienes se dirigían al vestuario.

¿Cómo alguien puede ingresar con una botella de tequila al inmueble?, son preguntas que se tienen que hacer y las autoridades responder.

Opino que es un tema cultural. Desde los partidos de chavitos en cualquier colonia o cancha llanera, son los propios padres de familia quienes van al juego, con la deliberada intención de armar camorra.

No imagino a los asistentes a un Concierto de música clásica o popular, meter un pomo para luego arrojarlo sobre los ejecutantes.

En el balompié ocurre con más frecuencia de lo que nos enteramos. No es solo la Liga MX, sino Expansión, Segunda, Tercera y Femenil.

Los agresores, dentro y fuera del estadio, están conscientes que será muy difícil que sean sancionados.

La impunidad rampante en nuestra sociedad, ha permeado al futbol y quizá tenga que haber muertos para que se tomen, en serio, cartas en el asunto.

Esa botella se estrelló en el suelo, pero pudo haber golpeado en la cabeza a alguno, produciendo una tragedia.

Las sanciones tendrían que ser severas y parejas.

Da la impresión que como decía Porfirio Díaz: a los amigos justicia y gracia. A los enemigos justicia a secas. No se castiga igual y por eso prevalece la…(in)seguridad en los estadios.

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