Hay partidos de los que quisiera uno olvidarse, ya sea por lo mal jugados, lo cortado de las acciones, violencia dentro o fuera del terreno de juego, un mal arbitraje o que la diosa Fortuna no le sonrió al cuadro de nuestros amores.
La tarde del domingo puse a prueba mis habilidades cibernéticas para intentar conectarme a la aplicación de Caliente, quién transmite los juegos de los Gallos Blancos de Querétaro.
Para un neófito como su servidor, que a lo más que ha llegado es a prender el móvil o la computadora, el resultado exitoso fue altamente motivador.
De esa manera, en la soledad de mi departamento de la Ciudad de México, me dispuse a ver el juego entre los locales y los Pumas de la Universidad.
Temprano en el juego, los del Pedregal anotaron, pero el tanto fue invalidado luego de que Adonai Escobedo, juez principal, acudió al monitor del VAR.
Ahí se percató que un delantero auriazul, en posición de fuera de juego, interfirió con un adversario que tenía posibilidad de jugar el balón.
Luego el arquero de los emplumados, Guillermo Allison, se llevó puesto a un oponente para un claro penal, convertido por Natán Silva.
Hasta ahí, digamos que sin ser un juego de alarido, las acciones transcurrían dentro de los parámetros de la normalidad de una fecha 2, en este incipiente Clausura 2025.
El show del terror empezó cuando al jovencito Pablo Lara, quién debutara en la jornada 1, se le hizo bolas el engrudo y no acertó a despejar, lo que fue aprovechado por Pablito Barrera para mandarla a guardar.
Nunca le había anotado al equipo que lo formó y para que se diera a toda orquesta la “ley del ex”, por qué no, hizo el segundo para elevar al cielo las manos juntas, como solicitando el perdón.
Era apenas el inicio de la segunda mitad y ya Pumas se miraba extraviado. Entonces vino un potente disparo del volante Francisco Venegas y la tragedia se ceñía para la visita.
El mismo Venegas, un par de minutos más tarde, se hizo expulsar por una doble tarjeta amarilla.
Al reloj le quedaba una veintena de minutos y Gustavo Lema trató de revertir lo que, a esas alturas, ya parecía un hundimiento.
Robert Ergas acercó a los felinos en el marcador y de ahí en adelante, la inoperancia, la falta de recursos y calma al manejar el balón, hicieron que los embates pumas quedaran en simples arañazos.
Para la estadística queda que Pumas terminó con cinco delanteros y ni así pudo horadar la cabaña queretana para, por lo menos, rescatar el empate.
No exagero si le cuento a usted, amable lector de Diario de Morelos, que desde la era de Andrés Lillini, pasando por Toño Mohamed y ahora el señor Lema, había visto tan desarticulado al equipo, faltó de cohesión y ni siquiera ese esfuerzo que te hace creer que lo dejaron todo en la cancha.
El director técnico afirma tener la sensación de que, sus pupilos, hicieron un esfuerzo enorme.
Al cerrar la transmisión, solo un pensamiento acudió a mi cabeza: ¡que desastre!
