Se juega una edición más del “Clásico de clásicos”, el partido insignia del fútbol mexicano.
A lo largo de la historia, este enfrentamiento ha tenido de todo, como en botica, siendo Chivas el papá hasta los años recientes, en que la inversión, visión y estrategia directriz, cambió la cara de la moneda para, de manera indiscutible, convertir a los azulcrema, en el cuadro más ganador.
Pinceladas de gran fútbol han quedado grabadas en la pupila de los viejos aficionados y también de las generaciones recientes.
La leyenda cuenta que, una vez que fue expulsado en un juego de esta naturaleza el gran Guillermo Sepúlveda, en el estadio de Ciudad Universitaria, (todavía no existía el Azteca), al irse de la cancha, el “Tigre” se despojó de la camiseta rojiblanca y dejándola en el terreno dijo: “nomás con esta ganamos”.
Broncas señeras han dejado huella en la histórica rivalidad.
Las más recordadas, sin duda, las de 1982 y 1986, ambas con todos los participantes inmersos en una batalla campal.
En la primera, aunque los tapatíos ganaron en la cancha y en el ring, les salió muy caro, ya que, con lo reportado por el juez del encuentro, el Doctor Edgardo Codesal, fueron sumamente diezmados a la Gran Final.
En ese juego, fue necesario ir a la serie de penales, donde el héroe camotero fue Luís Enrique Fernández, al anotar el tanto definitivo.
En la otra, en lo que marcaba la despedida de un muy buen juez azteca, Don Antonio R. Márquez, también se armaron los madrazos.
Pese a la importante rivalidad, es de no creerse que solo se hayan enfrentado una vez, en el juego por el título.
En la temporada 83-84, luego de un empate en Jalisco, se dieron cita en el “Coloso de Santa Úrsula”.
A mediados del primer tiempo, se sancionó un penal a favor del chiverío, que los pondría en ventaja.
El encargado del cobro fue Eduardo Cisneros. El apodado “Vaquero” lo tiró a media altura, sin demasiada fuerza y eso permitió que el arquero, Héctor Miguel Zelada, lo detuviera.
El impacto psicológico de la falla fue brutal y América fue, de a poco, adueñándose de las acciones y del marcador.
De esa manera, consiguieron uno de sus títulos más valiosos, a costillas del acérrimo rival.
Sin embargo, en el tema que más me apasiona, como es el arbitraje, déjeme platicarle que, en la historia del Clásico, hubo tres jueces connotados, con larga carrera, todos portadores de gafete FIFA, que nunca pitaron un América vs Guadalajara.
Joaquín Urrea, quién se adjudicaba la paternidad de la rivalidad entre Pumas y América, luego de aquella polémica Final en Querétaro, jamás lo hizo.
Bonifacio Núñez, carismático y querido, se quedó con las ganas de arbitrarlo y mi querido hermano, uno de los grandes conocedores del reglamento de juego, Eduardo Brizio, tampoco paladeó las mieles de silbarlo.
En esta ocasión, será Oscar Mejía el encargado de impartir justicia. Es apenas su segundo Clásico.
Tendrá mejor suerte que aquellos que…nunca dirigieron.
