El futbol mexicano ha entrado en su mejor etapa, que es la Liguilla.

Al margen de si el nivel es alto, este tipo de series para matar o morir resultan sumamente emocionantes.

Además, la baraja nos regaló enfrentamientos interesantes y, en algunos casos, con mucha y añeja rivalidad.

En este rubro, roba cámara el Clásico del Norte. Tigres y Rayados se juegan mucho más que su simple permanencia en la “Fiesta Grande”, sino el orgullo regional de madrear deportivamente al acérrimo rival.

Los entrenadores igual tienen una diferente exigencia: si Robert Dante Siboldi queda fuera, no creo que pase nada, en cambio, si el “Tano” Fernando Ortiz vuelve a quedar fuera creo que, sin volverme cómplice del muy de moda linchamiento mediático, le puede costar la testa.

Otro enfrentamiento con gran dosis de tradición es el Cruz Azul frente a Pumas.

Estos equipos han escenificado grandes batallas en diversas fases, incluso finales, aunque ahora luce favorito el cuadro celeste.

Las Chivas, emblemático cuadro del futbol nacional, se juega su futuro ante Toluca. Este par ya jugó incluso una final, imponiéndose el chiverío, en patio ajeno, a los escarlatas.

Acá voy Guadalajara. América, en su calidad de campeón defensor y súper líder, enfrenta a su Némesis, el Pachuca, que tiene rato de convertirse en su “coco”.

En el juego de ida los Tuzos perdonaron y de un tres cero a su favor, solo llevan un empate con sabor a derrota, puesto que están obligados a ganar en su vista al Azteca.

Acá el tema a tratar es como, en los tiempos que corren, los equipos y los medios de comunicación han vuelto estrellas a los árbitros.

Todo el tiempo se habla del quehacer de los jueces, en la mayoría de los casos, sin saber el oficio y sin vocación, dijera Serrat.

¡Crisis, crisis! Claman los periodistas y yo les preguntaría: ¿Díganme, en todo el torneo, una decisión arbitral de escándalo?. Avísenme cual equipo pagó la multa o dejó de entrar en la postemporada por una decisión arbitral.

El juicio al arbitraje parte, desde mi punto de vista, de dos parámetros: El protagonismo del narrador que quiere invadir el terreno arbitral sin prepararse y los, supuestos especialistas que siendo ex árbitros, no se actualizan y desinforman y confunden a la afición.

El trabajo arbitral es altamente especializado. Para empezar, los comentaristas faltan a la premisa de la revisión solo del error claro y obvio por parte del juez.

¿La jugada es dudosa? Pues no es de VAR.

Pero el primero que está dando lata con la revisión es el propio locutor.

Y luego los dueños del balón exigen revisiones constantes, lo que contraviene el espíritu de la herramienta.

Entre analistas arbitrales que solo persiguen el hueso en la FEMEXFUT y resentidos arbitrales con micrófono, lo que han hecho es convertir a los nazarenos en…los verdaderos estrellas.

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