Sigue el lloradero por la (des)organización de la Leagues Cup, jugándose todavía en suelo estadounidense. Ahora tocó el turno al presidente del Monterrey, José Antonio Noriega, quién se queja del trajín a que ha sido sometidos su equipo, las largas travesías por el vecino país y los cambios de fecha. La voz del “tato” se suma a la de otros muchos directivos y al presidente de la Liga MX, que luego de aventarse como el “Borras”, en reversa y sin calzones, ahora claman “piso parejo” y desconocen lo que antes aceptaron. Bueno, eso creo, porque pienso que les habrán hecho llegar algún plan del evento, el diseño del torneo, la logística de viajes, los lugares de entrenamiento, el tipo de canchas, la hotelería, en fin, porque si se lanzaron a ciegas, nada más por los dólares, están para que los corran a todos por ineptos y ambiciosos. Los equipos mexicanos, a excepción de un dignísimo Querétaro y el muy bien armado cuadro de Rayados, fueron a lo que pensaban sería un día de campo, quitarle un dulce a un niño, una tarde de recreo ante un futbol meramente inferior. La realidad les golpeó la cara. El balompié en la MLS no necesariamente es mejor en calidad individual que el mexicano, pero sus clubes saben jugar en equipo y desde el punto de vista atlético, los superan con amplitud. No ha habido fecha en que los equipos eliminados de este lado de la frontera, dejen de lado los pretextos pueriles y las teorías conspirativas que según ellos, buscaron a toda costa echarlos fuera. Si es como ellos dicen, esta Copa está destinada a desaparecer, digo, si me encueran en una fiesta, de tonto vuelvo a entrar, salvo que me guste la mala vida. No tengo duda de que Monterrey puede ser campeón y probablemente, como ocurrió en la Copa Oro, el triunfo azteca haga olvidar todo lo demás, pero resulta hasta ridículo el bonche de pretextos que se han esgrimido y para acabarla de amolar, hasta por voces autorizadas del periodismo. No soy fan de Gerardo Martino, quién vino a México en plan de vivales y se fue, luego del ridículo papel desempeñado en Qatar, como el “jibarito”, loco de contento, con su cargamento para su ciudad, pero en el caso de la Leagues Cup, dijo una verdad de a kilo: “nadie trajo a los equipos mexicanos de los pelos”. Efectivamente, fueron porque quisieron y las lágrimas no vienen al caso. Para no variar, es el arbitraje el principal blanco de los gritos y ululatos del perdedor. Según ellos, hay una conjura para que sea un equipo gringo el que gane y si es el Inter de Miami, con Lio Messi en sus filas, más que mejor. Por supuesto que ha habido errores y no han sido los mejores jueces del área los encargados de dirigir los partidos pero, la repetición absurda y constante de justificaciones ridículas, sólo indican que le sigue…la tos al perro.
