El lunes en la mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador instruyó al titular de la Sedatu para que revise la venta ilegal de tierras en Tepoztlán. Lo que significa que, siendo de reacciones rápidas a las instrucciones del Presidente, se supone que Román Guillermo Meyer Falcón ya puso manos a la obra y poco tardará para informar en otra mañanera. Tal es la forma de gobernar de AMLO, que en este caso debe preocupar a los dirigentes de Bienes Comunales y al alcalde David Demesa Barragán, si involucrados se encuentran en la venta ilegal de tierras. 

Tepoztlán, el pueblo mágico donde los usos y las costumbres han sido muy al estilo de los tepoztecos, diferentes a Huitzilac que tiene maneras distintas y a veces violentas. Tepoztlán, con sus barrios de San Miguel, San Sebastián, Los Reyes, San Pedro, Santa Cruz, La Santísima Trinidad, Santo Domingo y San José. Y sus diez pueblos, entre ellos Santa Catarina, San Juan Tlacotenco y Amatlán de Quetzalcóatl, hasta cierto punto discrepantes pero a la vez parecidos, orgullosos de su cultura ancestral, de los usos y costumbres que les ha conferido autonomía ante el poder político del centro del estado y el país. O Tepoztlán, la comunidad que se maneja con códigos encriptados ante los fuereños, donde han privilegiado el comercio para los oriundos y los adoptados (“tepoztizos”), y proscrito los supermercados, las tiendas de conveniencia y demás franquicias que en las últimas décadas desplazaron a los negocios familiares en numerosos sitios del territorio estatal. O Tepoztlán, el único pueblo de Morelos y uno de los pocos de México donde no hay limosneros. La importancia de Tepoztlán y sus peculiaridades suelen ponerlo en la nota nacional. 

Regularizada o no, con escrituras o cesión de posesiones, en Morelos el comercio de tierra es ancestral. Los precios son de según el sapo, la pedrada. En la colonia residencial Lomas del Bosque, lotes a tres mil 500 pesos el metro cuadrado, y en Ocotepec y Ahuatepec hasta cuatro mil el metro. En múltiples rumbos del estado se ofertan terrenos “en abonos”, la mayoría ejidales. En el libramiento de Yautepec, en Alpuyeca y Temixco, según la ubicación y la disponibilidad de agua potable y electricidad.

Sin embargo, hablando estrictamente en términos periodísticos, el caso reciente del decomiso de droga en Cuernavaca resulta una noticia de más impacto. Trescientos cincuenta y siete kilos de cocaína no son cualquier cosa. Haga cuentas el lector, a montones de dólares el kilo según notas de medios informativos a este respecto. 

De un comunicado de la Sedena publicado en el Diario de Morelos, el resumen: El miércoles anterior cinco hombres fueron asegurados mediante un operativo de personal del Ejército, Guardias Nacionales y la Fiscalía General en una casa de seguridad que era utilizada para la distribución de droga en la calle Robledar del poblado de Ahuatepec. En el primer momento hallaron 5 kilos de cocaína, y 352 kilos más de la misma sustancia adentro del domicilio, sorprendidos los narcos cuando guardaban paquetes en un vehículo. 

Otro caso: coincidentemente en el mes de septiembre pero de 2020, un jet Hawker 800 que despegó del aeropuerto de Tetlama se estrelló en Guatemala, a donde había llegado procedente de Venezuela cargado de cocaína. Fallecieron cuatro personas que intentaron aterrizar en una pista clandestina en Santa Marta Salinas, Chisec, Alta Verapaz, entre ellos dos pilotos y Jean Karlo Alexander Sánchez Meneses, quien fue identificado como un narcotraficante que había escapado de la cárcel de la base militar Mariscal Zavala, en Guatemala… (Me leen mañana).


Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.


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