Los números brincan como en una danza macabra. Tantos contagios igual a tantos más cuantos decesos. Así vamos para cinco meses ya, desconocidas no hace mucho tiempo por la población las palabras cólera virus y la expresión covid que hoy son de lo más común en el vocabulario popular. Dice la gente: “Le dio el covid 19”, “murió de cóleravirus”, “lo tuvo pero se salvó”. Cualquiera sabe de la maldita enfermedad, que es mortal y mundial, que arrancó en alguna ciudad de China y de ahí se extendió a los cinco continentes del mundo, que en números redondos Estados Unidos es el país con más decesos (140 mil), Brasil el segundo (79 mil) y México tercero con 40 mil. Brasil, la nación del fútbol driblador, del bosa nova sincopado y el presidente incrédulo, Jair Bolsonaro, que durante semanas se negó a usar tapabocas posando en actos públicos sin protección alguna, en medio de la gente, sonriente, fantoche en la “estrategia” de dar confianza a sus gobernados, creyéndose marciano o qué cosa como para que no le diera el covid pero por supuesto le dio y en esas anda hoy, con el bozal que frena las gotitas del virus sin impedir el habla. Pasado de vivo, Donald Trump también se resistió al tapabocas. ¿Qué pasó por la arrogancia de su mente? ¿Qué por ser el presidente del país más poderoso el cólera virus le iba a pelar los dientes? Por fortuna no le dio, al menos no se sabe que le haya pegado leve o fuerte pero el caso es que acabó amarrándose el tapaboca. ¿Puede decirse que hasta los más necios entienden? No. Continuos, sistemáticos, permanentes, tercos los llamados de la autoridad a la población para que todos usen tapabocas y respeten la sana distancia, a mucha gente le sigue valiendo madre. (Y disculpe el lector la expresión altisonante pero no hay otra). Si absolutamente todos y todas, chicos y grandes, hombres y mujeres, gordos y flacos, chaparros y altos, ricos y pobres no salimos a la calle y no asistimos a sitios de concentración masiva sin llevar tapabocas –en el rostro y no en el bolsillo o el bolso como se ve a muchos y muchas– y además guardamos entre persona y persona una distancia de al menos un metro y medio, los contagios disminuirán en porcentajes efectivamente grandes como para que pronto avancemos al amarillo del semáforo epidemiológico, por ahora no dejemos el anaranjado y para nada regresemos al rojo. Se escribe el comentario en plural porque el cuidado de todos es responsabilidad general, absoluta, comunitaria. No hay opciones, inútiles los llamados en este sentido de dirigentes de organizaciones empresariales, agrupaciones de políticos e individualidades políticas porque entre otras cosas en estos días ominosos resulta que muchos son expertos en epidemiología. Encabezan alguna agrupación de presuntos empresarios, se dicen políticos, firman o ambicionan cobrar como diputados y opinan con ligereza irresponsable sobre la pandemia que por su ignorancia desconocen pero hablan de ella como si fueran sabios en la materia. Mas si los protagonismos desaforados no tienen remedio porque “todólogos” siempre habrá, ¿qué hacer entonces? Quizá la solución está en el sentido común, de si no por la buena entonces que sea por la mala. Ejemplo: multar con el equivalente a diez salarios mínimos –mil 230 pesos– a todas cuantas personas sean sorprendidas por la policía sin tapabocas, que por los infractores menores de edad paguen sus padres y con trabajo comunitario las y los adultos que no tengan dinero. Pero que la campaña contra los necios arranque de inmediato, digamos, en un acto público realizado en la Plaza de Armas y presidido por el alcalde Antonio Villalobos Adán, ya, ahora, hoy. Que no sea una medida voluntaria, sino a fuerza para no decirlo de otro modo. El fin justifica los medios. Los últimos números subrayan 178 decesos en Cuernavaca y 812 en Morelos… (Me leen después).

Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com

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