Había muchos morelensesguerrerenses. Habitantes de Morelos que vivían aquí pero provenían de Guerrero, sobre todo de poblaciones rurales. Terminaron compartiendo costumbres, cultura, rasgos físicos y naturalmente apellidos. Los hijos, nietos y bisnietos de aquella generación de migrantes viven hoy día en colonias populares, localidades rurales, fraccionamientos residenciales de ciudades y pueblos de Morelos. Se cuentan por docenas de miles. Mudados cierto día a Acatlipa, Patricio Bandera Guerrero nació en Huitzuco, y su esposa Rafaela Zavaleta González en Mayanalán, municipio de Tepecoacuilco de Trujano, también del estado hermano. Andando los años, el joven Patricio se convirtió en ejidatario y presidente del Comisariado Ejidal de Acatlipa. Situaciones así eran comunes a mediados del siglo pasado. A Patricio le gustaba la política, como llegado el momento también le gustaría a su hijo Nereo Bandera Zavaleta. Los genes políticos que heredó Nereo lo llevaron a debutar en el cargo de secretario general, de finanzas, deportes y organización de la Sociedad de Alumnos del Instituto Tecnológico de Zacatepec, donde estudiaba, así como a ser el representante de escuelas técnicas de los estados de México, Morelos, Oaxaca, Hidalgo y Puebla en la Federación Nacional de Estudiantes. Nereo tiene una prioridad de prioridades, su esposa María Guadalupe Flores Castillo, originaria de Xochitepec, y una afición, el llamado deporte de las patadas, así que para 1974 ya era el vicepresidente de la Liga Cañera de Futbol de Zacatepec. Pero de hecho apenas empezaba a incursionar en el oficio (¿arte?) de la política que andando los años lo catapultaría a la sindicatura de Temixco, en 1976, dos veces a la alcaldía, en 1991-83 y 2009-2012, y a diputado local en 1991-94… El mismo puesto en el que por estos días busca repetir como candidato del PRI a la quinta demarcación distrital, con la diferencia de que, además de abarcar los municipios de Temixco, Miacatlán y Coatetelco, también comprende un pedacito de Cuernavaca, precisamente los comités seccionales números 567 y 568 ubicados en la colonia Lázaro Cárdenas… EN LA COLONIA Ejidos de Acapantzingo los vecinos de la calle Hules oyeron balazos. Les extrañó pero relativamente, constantes como son las balaceras en esa zona. Era de noche y los que se atrevieron a salir de sus casas alcanzaron a ver a un hombre corriendo. También a un sujeto que estaba tirado en el piso afuera de su vivienda, tenía siete balazos en diferentes partes del cuerpo, nadie supo identificarlo y sólo dijeron que solían verlo llegar por las noches a esa casa. Cuando aparecieron los paramédicos sólo fue para comprobar que el desconocido ya no tenía vida. Policías de investigación criminal buscaron al homicida, pero no lo hallaron. Ni modo que los estuviera esperando, comentaron… La Policía recibió el reporte de un ataque a tiros en las calles Abasolo y Benito Juárez de la colonia Año de Juárez, en Cuautla. Un hombre que vestía pantalón de mezclilla azul y playera de colores blanco y negro había recibido hasta diez disparos. Era delgado, moreno y de estatura media. Según la Policía, los sicarios huyeron sobre la carretera Cuernavaca-Cuautla con dirección a Yautepec en un Chevrolet Chevy blanco… ¿Cuántos asesinatos se cometen cada día en Morelos? Dos o tres. ¿Y cuántos mensualmente? Sesenta o noventa. Hace tiempo que los números bailan la danza de la muerte, tocada por la orquesta de la violencia sin tregua ante la memoria colectiva que olvida pronto. No hace ni un mes que mataron a balazos a una chica afuera de una farmacia de la colonia Vista Hermosa, y ya ni quién se acuerde. Hoy la violencia crece como nunca antes, tanto que el obispo Ramón Castro se ha olvidado de convocar a una de sus marchas por la paz y la seguridad como la del 1 de junio de 2019 que le dieron fama nacional, pero no “limosnitas” de gobierno… (Me leen después).
Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN / jmperezduran@hotmail.com
